Aquino, Sánchez y la invocación medieval contra el multiculturalismo
Una supuesta reflexión de Santo Tomás de Aquino, rescatada para ilustrar la gestión de la crisis de Ceuta y Melilla, ha reabierto la eterna pregunta: ¿la diversidad cultural debilita el Estado? El episodio tiene de todo menos de teología.
La lectura más citada: Aquino como coartada
La interpretación dominante sostiene que el aviso del teólogo sobre la unidad política sigue vigente. Sin un sentimiento de nación compartido, se argumenta, las divisiones se multiplican. España, además, arrastraría el lastre de los nacionalismos periféricos y de un sistema educativo que dejó de transmitir un relato común. El argumento se completa con una mirada a Estados Unidos: su diversidad extrema no ha provocado el colapso gracias a recursos naturales, poder militar y una inmigración selectiva que apenas concede derechos sociales a quien no aporta.
Los escépticos: el contexto del siglo XIII no sirve
Enfrente, hay quien recuerda que la España visigoda, el Imperio romano o la propia Reconquista muestran que el mestizaje cultural no siempre trae ruina. La crítica se centra en el anacronismo: usar a un fraile medieval para justificar una política de fronteras actual es, como mínimo, un ejercicio de manual de pretextos. También se apunta que el verdadero cemento social no es la homogeneidad étnica sino el modelo de bienestar: mientras haya deuda y dinero del contribuyente para mantener el nivel de vida, las tensiones se posponen. Cuando se acabe, llegará la revuelta.
El fondo: por qué seguimos discutiendo con fantasmas
Lo paradójico es que ni Aquino escribió para Sánchez ni la cita soporta un análisis serio. Pero la política contemporánea necesita autoridades para cubrir la falta de datos. El resultado es un debate donde todos citan sin leer y nadie discute las cifras reales de presión migratoria, integración laboral o envejecimiento demográfico. Más que multiculturalismo, el problema parece un déficit de comprensión lectora.