Moro y latino: el relato de la agresión sexual que desnuda el racismo y la culpabilización de la víctima
Dos hombres, un marroquí y un latinoamericano, fueron detenidos en Mallorca por agredir sexualmente a una turista extranjera tras echarle un tranquilizante en la copa. La noticia, publicada por El Periódico de Extremadura, desató en los comentarios una tormenta de victim blaming y estereotipos raciales. La víctima, que viajaba sola, logró escapar antes de que la violaran. Pero en el relato paralelo que se construyó, ella era la culpable: por ir sola, por aceptar una copa, por ser extranjera, por ser “puta”.
La narrativa de la sospecha sistemática
El hilo de comentarios arranca con la noticia y rápidamente deriva en una letanía de prejuicios. “La mujer explicó que había estado tomando una copa con los dos hombres”, escribe un usuario, y responde: “Puta”. Otro se pregunta: “Qué tipo de pirada va sola de viaje a Mallorca?”. La conclusión implícita es que ella se lo buscó. La figura de la “prostituta” aparece: “una prostituta a la que no querían pagar por sus servicios se enfadó y denunció”. No hay pruebas, ni contexto, solo el estereotipo de que una mujer sola en destino turístico es sospechosa.
La burundanga como excusa recurrente
“La burundanga, la piedra filosofal alquímica de la actualidad… cuantas tomaduras de pelo”, ironiza otro comentario, negando de plano que exista la sumisión química. Es una estrategia clásica: desacreditar el modus operandi para desacreditar a la víctima. Si el tranquilizante no existe, ella miente. El cinismo se suma al racismo: “Alá los crea y ellos se juntan”, bromea uno, vinculando la religión del acusado marroquí con el delito de forma racializada.
El patrón de la culpabilización en casos de agresión sexual
Los comentarios no son un caso aislado. Repiten un patrón bien documentado en victimología: cuando el agresor pertenece a una minoría étnica, la responsabilidad se desplaza a la víctima, sobre todo si es mujer y viajera. “Los problemas de las mujeres no son mis problemas, y si no quieren problemas que elijan mejor a quien votan”, sentencia otro, mezclando política con machismo. La agresión real pasa a segundo plano; lo importante es etiquetar a la turista como “mala elección”.
Lo que el dato no dice es cuántas denuncias similares se archivan por el miedo a no ser creídas. Pero el debate muestra una certeza: mientras la opinión pública siga buscando culpables en la víctima, los agresores pueden dormir tranquilos.
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