Un domo geodésico de 65 m² por 70.000 €: ¿solución habitacional o capricho?
El exmilitar francés Maxime ha construido un domo geodésico autosuficiente de 65 m² en solo un mes, con un coste de 70.000 €. La estructura, de madera de pino, aspira a ser una alternativa a la vivienda convencional en entornos rurales. Sin embargo, la propuesta ha despertado un torrente de escepticismo.
Las objeciones no tardan en llegar: la madera de pino tiene una vida útil estimada de 10 a 15 años, lo que pone en duda la rentabilidad de la inversión. Además, el precio parece desorbitado si se compara con la estimación media de 200 €/m² que arroja la IA para domos similares, lo que situaría el coste en apenas 13.000 €. Estructuralmente, algunos señalan que los domos tienden a expandir la base y pueden hundirse con el tiempo. Por otro lado, la ausencia de persianas y la dificultad para aislar la luz son críticas prácticas.
Más allá de los detalles técnicos, surge un debate de fondo: ¿tiene sentido apostar por viviendas alternativas cuando la crisis de la vivienda es artificial? Se argumenta que el verdadero problema no es el precio de los materiales, sino la regulación y los impuestos que encarecen y dificultan cualquier opción no convencional. En la España vaciada, por un precio similar se pueden adquirir chalets con parcela sin necesidad de construir desde cero.
Con estas dudas sobre la mesa, el domo de Maxime se queda en un experimento interesante, pero lejos de convertirse en una solución masiva. La brecha entre el ideal autosuficiente y la realidad constructiva sigue siendo enorme.