El asesinato de Nagore Laffage: 18 años de una condena que divide a la justicia
Un 7 de julio de 2008, Nagore Laffage, enfermera en prácticas de una clínica navarra, fue asesinada por un compañero médico residente. Lo que empezó como un encuentro en las fiestas de San Fermín terminó con 38 contusiones, la mandíbula rota en tres partes y una asfixia que le arrebató la vida. El asesino, que entonces tenía 27 años, fue condenado a 15 años de prisión, pero la suma de atenuantes –incluido el pago de 126.000 euros a la familia– redujo la condena a 12 años. Cumplió solo 10.
Los datos del sumario: una violencia extrema sin alevosía
Según el relato del juicio, tras la negativa de ella a mantener relaciones sexuales, el agresor la golpeó repetidamente y luego la asfixió. La brutalidad del ataque –con intento de descuartizamiento– no fue considerada alevosía por el tribunal. La sentencia final, calificada de homicidio, no asesinato, generó un intenso debate sobre la aplicación de las atenuantes. El condenado, que había confesado tras ser arrestado, obtuvo una rebaja adicional por colaboración con la justicia.
El factor económico en la condena: 126.000 euros que compraron un año
Uno de los atenuantes más polémicos fue el pago de 126.000 euros como reparación del daño. Esta cantidad, que en términos económicos equivale a unos ingresos medios de diez años para una enfermera, permitió reducir un año de condena. El debate sobre si la compensación económica puede «comprar» años de cárcel es recurrente en la criminología. Mientras algunos ven en ella un mecanismo de justicia restaurativa, otros consideran que abarata la vida de las víctimas. En este caso, la familia aceptó la indemnización, pero no el resultado penal.
Las críticas al sistema penal: comparaciones y redes de poder
La comparación con otros casos, como el de «La Manada» (que cumplieron más años de prisión por delitos sexuales sin homicidio), ha alimentado la sensación de arbitrariedad. Además, la vinculación del condenado con el Opus Dei y su posterior reinserción como psiquiatra en activo han suscitado preguntas sobre la influencia de las redes de poder en la justicia. Un análisis de las condenas por homicidio en España muestra que la media de cumplimiento efectivo es inferior a la mitad de la pena impuesta, pero en este caso la rebaja fue especialmente llamativa por la violencia empleada.
El dato que descoloca: pese a la gravedad del crimen, el asesino obtuvo el tercer grado antes de cumplir nueve años. La familia de Nagore Laffage sigue reclamando una revisión de las penas. En términos económicos, la vida de una enfermera fue tasada en 126.000 euros, un precio que, para muchos, sigue siendo demasiado bajo.