«Charo» cumple una década como etiqueta de uso común en redes
El 20 de octubre de 2011, un mensaje publicado en un foro español dejó escrito un retrato de la España cañí, ladrillera y cutre de la post-burbuja y le puso nombre:
«Charo». Una década después, el término circula por las
redes sociales y se ha ganado un hueco en el glosario de esa misma comunidad —sin mención alguna a su autor—. Quien lo difundió bromea con haber
decretado el 20 de octubre de cada año como Día Internacional de las Charos y la Charocracia, una jornada que él mismo aclara que es «en contra» de los conceptos que la palabra designa.
¿Qué significa «Charo» y cuándo apareció?
Se dio a conocer el 20 de octubre de 2011 y funciona como etiqueta burlesca, con carga despectiva reconocida incluso por quien la emplea, para designar un tipo social concreto de la España posterior al pinchazo inmobiliario: cutre, ladrillera, caradura y dada a montar escenas en la cola del supermercado. Su autor lo describió en su día como un retazo de la España
cañí, visillera, ladrillera y cutre que sobrevivió al desplome del ladrillo. Nació, según él mismo admite, como una opinión personal que acabó convertida en categoría.
Un forero del hilo traza el límite con la figura clásica de la maruja en el tono: la maruja era entrañable, iba de bata por el portal y hablaba de tortillas de patatas; la Charo se describe como su versión ruidosa y conflictiva, la que monta el pollo en la caja del súper.
De un círculo pequeño a los artículos de Vice, Vanity Fair y elDiario.es
Lo que arrancó como vocabulario interno de una comunidad relativamente pequeña terminó exportándose a las redes y, de ahí, a la prensa.
Vice, Vanity Fair y elDiario.es publicaron piezas que analizaban el significado y el origen (
vice.com), (
revistavanityfair.es), (
eldiario.es) del término con resultados que el mensaje inicial del hilo califica de «bastante desacertados».
En paralelo, esos espacios han sido retratados por los medios como los últimos reductos digitales que resisten a las grandes plataformas, con etiquetas que van del «machismo» a la «ultraderecha» pasando por la arquitectura. La paradoja es que el vocabulario nacido en ese rincón acabó siendo más conocido que el rincón mismo.
Por qué «señoro» no ha tenido el mismo recorrido
Frente a la adopción espontánea de «Charo», la expansión de «señoro» —alternativa políticamente correcta empujada desde medios progresistas— se describe como forzada e impostada. Hay quien lee en ese contraste un ejemplo de reacción del llamado marxismo cultural contra lo que considera una desviación ideológica de la sociedad. Es una tesis, no un dato: no existe medición pública de frecuencias de uso que la respalde, solo la percepción de que una palabra se pegó sola y la otra hubo que pegarla.
«Karen», «Cayetana» y los derivados del invento
El paralelismo con el anglosajón «Karen» aparece una y otra vez: hay quien sostiene que el término español es anterior y describe un arquetipo similar, con más dinero y estatus en la versión estadounidense, que los medios habrían reencuadrado como mujer blanca y racista. Del tronco original han salido ramas como la
lorealista —título implícito en el de charo, pero no al revés—, la
charia y la
charocracia, descrita como régimen despótico cuyo grito de batalla es el «¡y puuunto!».
El salto al terreno político tiene nombre propio: Charos contra Cayetanas. Un texto difundido en el hilo lo presentó como guerra entre feministas de izquierdas y mujeres de derechas que se reivindican contra el «hembrismo», con los labios abultados y las ojeras de mil batallas como rasgos identificativos de las primeras.
Diez años después, el término sigue vivo, tiene efeméride, glosario y petición de sillón académico para su autor. El dato que descoloca es otro: la palabra acabó desplazando al término «visillera», hoy prácticamente en desuso. Queda ahí, sin autoría reconocida.