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El número de marroquíes mayores de 45 años inscritos como demandantes de empleo sin haber cotizado nunca en España pasó de 617 varones en 2021 a 1.778 en el verano de 2026, un 188% más. El colectivo suma ya 11.434 personas y concentra el 40,5% de los desempleados sin empleo anterior, frente al 22% de hace cinco años.
El número de marroquíes mayores de 45 años inscritos como demandantes de empleo sin haber cotizado nunca en España pasó de 617 varones en 2021 a 1.778 en el verano de 2026, un 188% más. El colectivo suma ya 11.434 personas y concentra el 40,5% de los desempleados sin empleo anterior, frente al 22% de hace cinco años.
Hay un dato que, puesto en una gráfica, llama la atención antes de que uno termine de leerlo. Los varones marroquíes mayores de 45 años inscritos como demandantes de empleo sin haber aportado un solo día de cotización a la Seguridad Social pasaron de 617 en 2021 a 1.778 en el verano de 2026. Casi un 188% más en cinco años. No es un pico de un mes malo: es una tendencia que lleva media década subiendo.
El volumen total de ciudadanos marroquíes en esa situación administrativa alcanza las 11.434 personas, según las estadísticas del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE). Es el colectivo extranjero más numeroso en los registros de desempleo sin ocupación previa.
El perfil lo encabezan abrumadoramente las mujeres: 9.656 inscritas, un 84,4% del total. Ellas solas concentran más de un tercio del conjunto global de mujeres extracomunitarias en esa franja de edad que jamás han trabajado en España. La foto no es la de un parado que perdió su empleo, sino la de alguien que se inscribe sin haber tenido uno.
La comparación con las nacionales es la que más se ha comentado. Las mujeres españolas mayores de 45 años en esa misma situación han reducido su presencia en el SEPE un 29,4%. Van en dirección contraria.
Mientras eso ocurre, el peso de los extranjeros sobre el total de desempleados sin empleo anterior ha escalado del 22% al 40,5%. En términos simples: cuatro de cada diez personas inscritas sin haber trabajado nunca en España son extranjeras, cuando hace cinco años eran dos de cada diez. La tendencia de los nacionales y la de los no comunitarios no solo no se parecen: se cruzan.
Hay una explicación que repiten analistas económicos y sectores conservadores: el crecimiento respondería a una estrategia para cumplir los requisitos de antigüedad en el desempleo que se exigen para cobrar subsidios, ayudas de inserción y el Ingreso Mínimo Vital. Es una interpretación, no un hecho probado, y conviene tratarla como lo que es.
Lo que sí es un hecho verificable es el diseño del sistema: no exige reciprocidad ni cotización previa para acceder a determinadas prestaciones. Quien sostiene la tesis del efecto llamada argumenta que ese diseño convierte la protección social en un polo de atracción. Quien la discute señala que la inscripción como demandante es un requisito administrativo y no equivale a cobrar. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez.
Lo que no admite discusión es la cifra: 11.434 personas, con las mujeres marroquíes como grupo mayoritario. Y un crecimiento del 188% en cinco años entre los varones. Eso está en los registros del SEPE, no en la interpretación de nadie.
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