Huntington negó la civilización judía y el debate sigue abierto
Samuel Huntington, en «El choque de civilizaciones», dejó escrito que el judaísmo no es una civilización importante desde el punto de vista numérico y que Toynbee lo describió como una civilización atrofiada, derivada de la siríaca anterior. Con la creación de Israel, los judíos tendrían todos los elementos objetivos de una civilización:
religión, lengua, costumbres, literatura, instituciones y territorio. La duda que lanza el autor es subjetiva: ¿basta con eso?
La discusión que ha generado ese párrafo en un foro de historia hispanohablante acumula 142 respuestas. En ella se mezclan la arqueología, la teología comparada, la filología y algún que otro exabrupto. El resultado es un retrato coral de una pregunta que sigue sin respuesta cerrada.
El argumento de la originalidad: ¿inventaron algo los hebreos?
Una de las primeras objeciones que aparecen es la de la originalidad. Se sostiene que los hebreos no crearon nada genuinamente propio y que su monoteísmo es una evolución de cultos anteriores. En ese sentido, se menciona a Ajenatón y a Zaratustra como posibles precursores. Un participante apunta que el relato bíblico sitúa a Moisés durante el reinado de Ajenatón, y que Zaratustra vivió entre el 628 y el 551 a.C., mientras que el cautiverio en Babilonia, cuando se compuso la versión canónica de la Biblia, ocurrió entre el 582 y el 538 a.C. La coincidencia temporal es sugerente, pero no concluyente.
La respuesta no se hace esperar: el monoteísmo hebreo fue un proceso paulatino, desde el politeísmo inicial hasta el henoteísmo y, finalmente, el monoteísmo. La distancia de siglos entre el final del culto a Atón y el origen del judaísmo complica la conexión directa. Y hay quien recuerda que el propio Abraham rinde culto a Melquisedec, sacerdote de un dios anterior, lo que sugiere que el monoteísmo existía antes de Abraham.
La influencia helenística en la cábala y en el cristianismo
Otro eje del debate es la relación entre la teología judía y la filosofía griega. Un participante afirma que la Merkabah y la posterior Kabbalah son imposibles sin un sustrato helenístico: las diez sefirot corresponden a un mundo sublunar, siete esferas celestes, dos luminarias (Sol y Luna), más la esfera del zodiaco y la de las estrellas fijas, hasta llegar a YHWH. Sin la cosmología helenística, dice, la Kabbalah no habría existido.
Esa influencia se extiende al cristianismo. Se argumenta que la teología cristiana procede de la metafísica griega y que fueron teólogos como Santo Tomás de Aquino y San Agustín quienes la construyeron. La respuesta es matizada: el cristianismo no es una evolución de la religión griega, sino de la metafísica griega, que permitió comprender el mensaje de Cristo. El Nuevo Testamento se escribió en griego, pero en el levante, no en Europa, y el Antiguo Testamento en hebreo y arameo. La discusión sobre si Jesús era judío o europeo deriva en afirmaciones difícilmente sostenibles, como que la Biblia se escribió en griego en plena Edad Media.
El matrilinaje y la construcción del judaísmo rabínico
Un tema recurrente es la norma del matrilinaje. Se sostiene que es una decisión del judaísmo talmúdico, no de la Biblia. En el texto bíblico hay ejemplos de descendientes de madres no judías considerados hebreos: Abraham, Isaac y Jacob tuvieron hijos con mujeres gentiles, y la tradición rabínica se vio obligada a inventar que esas mujeres eran judías para no romper la norma. El caso de Rut, la moabita que se convirtió y de la que descenderá el Mesías, es el más citado. La explicación que se ofrece es que el matrilinaje fue una consecuencia de convertirse en una minoría endogámica.
La pregunta que sigue sin respuesta
El debate no ha llegado a un consenso. Hay quien defiende que los judíos son el único pueblo del Mediterráneo del año 0 que conserva el mismo territorio, el mismo idioma y la misma religión, y que sus sectas derivadas conquistaron religiosamente dos tercios de la humanidad. Otros insisten en que no hay civilización judía, sino una variante judía de otras civilizaciones. Y algunos, directamente, niegan que el pueblo judío actual tenga continuidad con el antiguo. La pregunta de Huntington sigue en el aire: ¿basta con los elementos objetivos para hablar de civilización, o hace falta algo más?