Malos internos: ¿cancelar, exorcizarlos o medicarlos?
Los malos no se matan: se medican, se reinterpretan o, en el peor de los casos, se les echa la culpa. El debate entre la psiquiatría y el espiritualismo lleva siglos abierto, y la última esquina de internet lo ha resucitado con una mezcla de mitología egipcia, antiparasitarios y exorcismos caseros.
La teoría de partida toma al dios Am-heh, devorador de almas, como metáfora de la falta de libre albedrío: si el alma es sensible a entidades negativas, aparecen la ansiedad, los pensamientos de hacerse daño, el acoso o el consumo de alcohol y drojas. Los tratamientos convencionales, sostiene esta corriente, quitan el vicio pero dejan intacto el pensamiento duro. De ahí salta la propuesta más singular: antiparasitarios y antifúngicos para limpiar lo físico y, con ello, lo astral.
La angelología no permite cancelar, solo transformar
Frente al enfoque farmacológico-espiritual, la angelología clásica recuerda que los malos son energías que ni se crean ni se destruyen. Su propósito, como el de los ángeles, es empujar a la persona hacia un camino. Muchas religiones apuntan a que el mal puede transformarse en bien, pero no eliminarse. Esa visión choca con la del que sostiene que todo bicho que sangra puede cancelar: el ejemplo puesto sobre la mesa es el de un exorcista popular que, según el relato, deja casas infestadas de insectos y al día siguiente no queda ni uno. No todos ven trigo limpio en ese personaje.
Una película como punto de partida
Entre las referencias citadas aparece Nefarious (2023), un largometraje sobre posesión demoníaca que se recomienda para entender por qué uno deja entrar a las entidades. La cinta abona el terreno narrativo de un debate que, a falta de evidencia científica, se mueve entre el terror, la fe y la automedicación.
La predicción es que este enfrentamiento no se resuelve. Mientras la psicología avanza en el tratamiento de la ansiedad y la depresión, el imaginario demonológico se adapta y sobrevive. Al final, quizá no se trata de cancelar malos, sino de decidir quién tiene licencia para hacerlo.