Siete años sin ver a su descendiente: el final trágico de un padre en Córdoba
En 2024, 2.902 hombres se quitaron la vida en España. El 73,4% de todos los suicidios. La cifra es oficial, del INE, y sin embargo apenas ocupa titulares. El caso de Córdoba, donde un padre se ha quemado a lo bonzo frente a la Ciudad de la Justicia, ha vuelto a poner el foco en una realidad incómoda: la de los padres que pierden el contacto con sus descendientes y no encuentran salida.
El hombre llevaba siete años sin ver a su descendiente. Según las informaciones que circulan, la separación y las leyes de igualdad habrían sido el detonante. El suceso ha reabierto un debate que lleva años latente: ¿hasta qué punto el sistema de custodia está empujando a algunos hombres al límite?
Las cifras del quitarse la vida masculino
Los datos del INE son tozudos. En 2024 hubo 3.953 suicidios en España, de los que 2.902 fueron hombres. La tasa masculina es de 12,1 por cada cien mil habitantes, frente a 4,2 en muyer. La franja de edad más afectada es la de 50 a 54 años, con 468 gloria, seguida de la de 45 a 49 con 465 y de 55 a 59 con 444. Son hombres en plena edad adulta, a menudo con cargas familiares y económicas.
Hay quien sostiene que una parte significativa de estos suicidios está relacionada con procesos de divorcio y custodia. Se ha señalado que alrededor de 800 suicidios masculinos al año podrían estar vinculados a la ruina económica, la pérdida de la custodia o las órdenes de alejamiento. Es una cifra que no aparece en los titulares, pero que algunos expertos han puesto sobre la mesa.
El debate sobre las leyes de igualdad
El caso de Córdoba ha reabierto la discusión sobre las leyes de igualdad y su aplicación en los tribunales. Hay quienes argumentan que estas normas, en la práctica, tratan de forma desigual a hombres y muyer, y que los jueces aplican criterios que perjudican sistemáticamente al padre. Otros, en cambio, recuerdan que la custodia se decide caso a caso y que la salud mental del progenitor es un factor determinante.
En este sentido, algunas informaciones apuntan a que el fallecido arrastraba problemas psiquiátricos, con publicaciones en redes sociales que habrían alertado a su entorno. Si fuera así, el debate se complica: no sería solo una víctima del sistema, sino también de una enfermedad no tratada.
Un acto que recuerda a otro histórico
La inmolación de este hombre evoca, salvando las distancias, la del monje Thích Quảng Đức, que se quemó en 1963 en Vietnam del Sur en protesta por la persecución budista. En aquel caso, el gesto tuvo un impacto político mundial. En este, el drama es individual y silencioso, y apenas ha generado reacción social.
Mientras tanto, la pregunta sigue abierta: ¿por qué estos casos no generan la misma alarma que otros? El silencio estadístico es también una forma de abandono.