De retiro de yoga en Cuzco a dormir bajo un puente
¿Qué pasa cuando el viaje para encontrarse a uno mismo termina encontrando algo que no se buscaba? Hannah Joanne Almond, británica de 32 años, licenciada en moda y entusiasta del yoga, llegó a Perú en marzo para un retiro espiritual en Cuzco, cerca de Machu Picchu. Tras un robo violento que la dejó sin pasaporte, teléfono ni dinero, desapareció durante semanas y fue hallada durmiendo en la calle, bajo el puente Belén, junto a un hombre sin hogar. La noticia, publicada por
20minutos, ha desatado todo tipo de reacciones: desde la burla hasta el análisis de por qué el turismo espiritual de primer mundo se estrella contra realidades que no entiende.
El robo que lo cambió todo
Según el relato periodístico, Almond viajó a Perú «para vivir una aventura» y hacer un retiro de yoga. A los tres días sin noticias, sus amigos empezaron a preocuparse. El cónsul británico en Perú, Mark Atkinson, declaró a medios locales que la mujer no tenía previsto prolongar su visado. El robo le provocó una crisis de salud mental grave. Las pocas pertenencias que le quedaban fueron destruidas por un grupo de personas que les prendieron fuego. Un vídeo grabado la semana pasada la muestra gritando a vendedores ambulantes que desmantelaron el campamento bajo el puente Belén donde vivía desde hacía un mes junto a un anciano sin hogar.
La Municipalidad Provincial del Cuzco informó de que los vecinos quemaron cartones, plásticos y otros objetos. La pareja fue acusada de presuntos actos obscenos y violentos contra transeúntes. Mientras el hombre fue trasladado a un albergue, Almond se retiró a un hotel pagado por la embajada británica. Pero solo por una noche. Por voluntad propia, regresó a la calle y rechazó las ofertas de ayuda de las autoridades locales, al parecer por el trauma del robo.
¿Por qué se busca la espiritualidad en el tercer mundo?
Una parte del análisis sostiene que no hace falta irse al culo del mundo para reflexionar sobre la propia vida. «Para reflexionar sobre tu vida no necesitas irte al Himalaya y hacer el chorra con un trapo naranja», resume una de las posturas más repetidas. Otra corriente señala que el viaje espiritual es un lujo de primer mundo que se desmorona al primer golpe de realidad. Hay quien apunta que si un simple robo —algo que le puede pasar a cualquiera— la ha sumido en la locura, es que ya había problemas previos de salud mental. La esquizofrenia se menciona en algún mensaje como posible condición no diagnosticada o no tratada.
El contraste entre la expectativa y el resultado es brutal. La mujer que fue a encontrarse a sí misma acabó encontrando una versión de sí misma que no esperaba: la de una persona sin recursos, sin red de apoyo y sin capacidad de reacción en un entorno hostil. Algunos mensajes ironizan con que «se ha encontrado, pero no le gustó su realidad».
El debate sobre la seguridad y el victimismo
El caso ha reabierto la discusión sobre los riesgos de viajar sola a determinados países. Una parte de los mensajes sostiene que Perú es un destino peligroso para una mujer occidental sin acompañamiento, y que la suerte de haber salido viva es un dato a tener en cuenta. Otra corriente rechaza el alarmismo y recuerda que robos ocurren en todas partes. La acusación de actos obscenos con el anciano sin hogar ha alimentado comentarios despectivos que este artículo no reproduce.
Lo que sí emerge es una crítica más amplia: la idea de que el empoderamiento femenino occidental es una construcción que solo funciona en entornos seguros. «En cuanto van al tercer mundo, robos, idas de olla o aparecer troceadas», resume una postura que atribuye el choque a un choque de civilizaciones. Es una tesis discutible y discutida, pero forma parte del material.
¿Qué dice la embajada y qué pasa ahora?
La embajada británica pagó una noche de hotel. Almond la rechazó y volvió a la calle. El cónsul Mark Atkinson confirmó que no tenía previsto prolongar su visado. Las autoridades locales han ofrecido ayuda que ella ha rechazado. El caso queda abierto: no hay información sobre si ha sido repatriada, si ha recibido tratamiento o si sigue en Perú. La noticia, publicada por
20minutos, no ofrece cierre.
La pregunta que sobrevuela es incómoda: ¿qué responsabilidad tiene el Estado británico con una ciudadana que rechaza la ayuda? ¿Y qué dice de nuestra sociedad que alguien prefiera dormir bajo un puente antes que volver a casa? No hay respuestas fáciles. Solo una mujer que fue a buscar algo y encontró otra cosa.