La conspiritualidad: cuando la new age y las teorías conspirativas se funden en una amenaza
El dato es tan absurdo como revelador: un momento de lujuria podría desencadenar una crisis del petróleo en Oriente Medio. Esa creencia, atribuida a ciertas sectas de la llamada "conspiritualidad", no es un chiste, sino el reflejo de una corriente peligrosa que fusiona espiritualidad new age con teorías conspirativas. Un reciente ensayo de tres periodistas analiza cómo estas ideas, que explotaron durante la pandemia, están minando la salud pública y la racionalidad.
De la paranoia clásica al yoga conspirativo
El debate distingue dos tribus: los conspiranoicos clásicos, que desconfían del 11S, los Bilderberg o el dinero como deuda, y los nuevos espiritualistas post-2020, que mezclan chakras, frecuencias energéticas y desinformación sanitaria. Los primeros suelen tener una cosmovisión espiritual al estilo Nikola Tesla; los segundos, según los críticos, son analfabetos funcionales que han sustituido la ciencia por cuentos orientales vacíos de contenido. El ensayo 'Conspiritualidad' sitúa en la pandemia el punto de inflexión: la desconfianza hacia las instituciones llevó a muchos a refugiarse en curanderos y narrativas alternativas, creando un caldo de cultivo para el dogmatismo irracional.
Cuando la magia mata: el caso del tétanos
Lejos de ser inofensivas, estas creencias tienen consecuencias reales. En el debate se menciona el caso de un adolescente de 17 años ingresado en la UCI por tétanos, cuyos padres, seguidores de la conspiritualidad, rechazaron la vacunación. Es el ejemplo perfecto de cómo la fusión de espiritualidad y conspiranoia puede resultar letal. Mientras tanto, los profetas del apocalipsis vacunal siguen prorrogando la fecha de la hecatombe, como los Testigos de Jehová, mientras los datos reales muestran que las vacunas han salvado millones de vidas.
El negocio de la espiritualidad vacía
Detrás de estas sectas hay un entramado económico: retiros de yoga, cursos de sanación cuántica, aceites esenciales que curan el cáncer. El poder ha imbuido una espiritualidad consumista que refuerza la agenda global, mientras el estado impone una religión científica autoritaria. Al final, el ciudadano se queda atrapado entre el sistema sanitario que malcura y la ilusión de las medicinas alternativas. La pregunta que nadie responde es: ¿cómo distinguir la espiritualidad genuina de la manipulación sectaria?
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