ChatGPT, Viñas y el mito de la ayuda extranjera en la Guerra Civil
La República recibió más ayuda extranjera que los sublevados. Suena a herejía, pero es lo que sostiene un cálculo que circula por los mentideros históricos y que atribuye a Ángel Viñas la constatación de que la ayuda fascista a Franco apenas compensó la que llegaba al bando gubernamental. El dato, filtrado por una IA y atribuido a un historiador, ha reabierto una de las polémicas más enquistadas del relato de 1936: quién puso más dinero sobre la mesa y quién lo gestionó peor.
El punto de partida es una gráfica generada por ChatGPT que compara el volumen de material y dinero recibido por ambos bandos. Según ese ejercicio, la URSS envió a la República ayuda valorada en unos
5.200 millones de euros actuales. El problema es cómo se pagó: con las
510 toneladas de oro del Banco de España, cuyo valor actual el mismo ChatGPT estima en
30.600 millones. Los soviéticos cobraron, siempre según estos números, unas seis veces lo que entregaron.
Quién mandó qué y cuándo llegó
El argumento cuantitativo choca con el cronológico. Alemania e Italia comprometieron apoyo desde la conspiración misma, antes del golpe. La República, en cambio, se encontró con que Francia y Reino Unido le cerraron la puerta y con que su único proveedor relevante fue Moscú, que además tardó en facturar. Una ayuda pequeña en el momento exacto vale más que un cargamento enorme cuando el frente ya se ha desmoronado.
En material puro, los republicanos no iban mal servidos. Los tanques soviéticos
T-26 se merendaban a los Panzer I alemanes y a las tanquetas italianas. Los bombarderos
SB-2 eran más rápidos que los cazas nacionales hasta la llegada del Bf-109. Hubo quien sostiene que con un uso coordinado de ese material la suerte del frente pudo cambiar. No ocurrió.
El Chirri contra el Mosca: la calidad no bastaba
La paradoja aérea es la más citada. Hitler no envió ni un solo Me-109 a Franco: los usó en la Legión Cóndor, que nunca tuvo más de
50 o 60 aparatos operando simultáneamente. El caballo de batalla que dio la superioridad aérea a los sublevados fue el
Fiat CR.32, un biplano apodado «Chirri», del que llegaron unos
400. Con él, los pilotos nacionales se impusieron a los monoplanos I-16 «Mosca» soviéticos, en teoría más avanzados.
La lección italiana fue que el biplano seguía siendo útil, y por eso lo mantuvieron en servicio al entrar en la Segunda Guerra Mundial. La lección española es otra: tener el mejor caza no sirve de nada si el piloto no sabe usarlo o si el combustible se acaba en mitad de la maniobra.
El desmadre de retaguardia que lastró al Frente Popular
Aquí el consenso es amplio. El bando republicano funcionó como una hidra con cada cabeza mirando a un lado: milicias de partidos y sindicatos rivales, un mando que no se unificó hasta bien entrada la guerra y una retaguardia más ocupada en ajustar cuentas que en sostener el frente. La militarización tardía y la ausencia de un mando único centralizado son las dos críticas que más se repiten.
El expolio del oro alimenta la misma tesis. Hay quien recuerda que Negrín y su entorno embarcaron parte del dinero destinado a armamento hacia México en el
Vita, y quien compara el caso con escándalos de corrupción contemporáneos para subrayar que el saqueo institucional no es invento de ningún siglo. En el bando nacional también hubo mamoneo, pero, según esta lectura, afectó a la intermediación y no al esfuerzo de guerra.
Guernica, la tierra quemada y la guerra de la propaganda
El debate deriva hacia el terreno de los relatos. Una parte sostiene que Guernica es la mentira más difundida de la contienda: una población evacuada e incendiada por las fuerzas que se retiraban, aplicando tierra quemada como en Durango. Otra parte exige pruebas de esa quema deliberada y recuerda que los bombardeos italo-alemanes existieron y están documentados. La discusión se atasca en la falacia de extender lo que pasó en Irún o Éibar a todo el frente norte.
La cifra que descoloca es la del pago soviético. Si el material valía 5.200 millones y el oro entregado valía 30.600, la República financió su propia derrota con un descuento del 500% para el proveedor. Hay quien atribuye a Stalin haberse reído durante años.
¿Y si el problema no fue cuánto llegó, sino quién lo repartió y cuándo? Con esos números sobre la mesa, la tesis de la indefensión republicana se sostiene mal. Otra cosa es que alguien quiera mirarla de frente.