El Gobierno siembra la semilla de un nuevo canal progre para cuando pierda el control de RTVE
Mientras el Ejecutivo de Sánchez acelera la puesta en marcha de una nueva televisión privada de orientación progresista, el futuro de RTVE pende de un hilo. Según ha adelantado infoLibre, el proyecto, aún sin nombre, comenzará a emitir antes de otoño y apostará por la actualidad y el directo. Su verdadera estrategia: pescar a los grandes nombres de la televisión pública antes de que el PP llegue al Gobierno y los sustituya.
Un paracaídas mediático a toda prisa
El nuevo canal se perfila como una alternativa privada financiada con el mismo espíritu que La Sexta, pero con un objetivo más explícito. Mientras La Sexta ha endurecido su línea editorial contra Pedro Sánchez —hasta el punto de que fuentes del sector la califican de «rabiosa» con el presidente—, la nueva cadena nacería alineada sin complejos. La operación busca blindar un altavoz afín cuando el PP recupere el control de RTVE y desmantele la actual dirección. Los candidatos a fichar son los pesos pesados de la casa: tertulianos como Ferreras, Ana Rosa o Ángel Expósito, aunque en el sector se menciona a Negre, Pito y Naranjo como posibles fichajes estrella.
¿Tiene futuro en una audiencia envejecida?
El escepticismo sobre la viabilidad del proyecto es mayúsculo. La televisión lineal pierde espectadores a un ritmo acelerado, especialmente entre los jóvenes, que ya apenas consumen este medio. Los costes de producción son elevados y la publicidad se desplaza a plataformas digitales. Varios analistas dudan de que un canal ideológico encuentre suficiente audiencia, y menos cuando su principal baza es captar talento de una cadena pública que el tiempo ha convertido en una máquina de propaganda política. «Pues se les están muriendo los espectadores», resumen los críticos, que ven en el nuevo proyecto una operación de prestigio o de negocio para unos pocos, más que un plan sostenible.
La amenaza del cambio de ciclo político
El horizonte de una victoria del PP transforma por completo el mapa mediático. La izquierda sabe que el control de RTVE es temporal y que, cuando llegue la derecha, sus profesionales perderán su principal altavoz. De ahí la urgencia por tener un canal privado listo. Sin embargo, la experiencia demuestra que los canales con sesgo político explícito rara vez funcionan como negocio. La duda es si el nuevo medio logrará sobrevivir a los recortes publicitarios y a la competencia de las plataformas de streaming, o si terminará como tantos otros proyectos que nacieron con el mismo propósito y desaparecieron sin hacer ruido.
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