La nueva soledad masculina: ni pareja, ni hijos, ni esperanza
Abrir la puerta de casa y saber que el día que mueras nadie dará aviso. Esa es la imagen que sobrevuela una confesión anónima que ha circulado en la red: un hombre que se declara derrotado en el amor, asegura que morirá solo y que los servicios de salud tardarán años en encontrar su cadáver. El mensaje, breve y sin adornos, ha tocado un nervio: el de la soledad masculina no deseada.
Del desahogo al fenómeno hikikomori
Frente a la resignación del autor, hay quien responde que la vida en pareja es una trampa, una relación de esclavitud con la que no merece la pena. Otros recuerdan que la soledad es la condición humana: acompañados o no, siempre se está solo en el interior. Y en el extremo, aparece el fenómeno hikikomori, el aislamiento social voluntario importado de Japón, aunque en este caso con matices: el autor del texto no se queda en casa por placer, sino porque el trabajo y la rutina le han ido arrebatando las ganas.
El debate de fondo: ¿culpa del feminismo?
El giro del testimonio llega cuando el autor culpa al feminismo de su situación. Esa derivada convierte un desahogo sentimental en un debate social: ¿la caída de la nupcialidad es culpa del movimiento feminista, de la precariedad o de una crisis de expectativas? No hay acuerdo, pero sí una certeza: la población masculina de mediana edad es una de las grandes olvidadas del bienestar emocional.
La predicción es clara: si nada cambia, el número de hombres que mueren solos en España seguirá creciendo. Pero quizá el primer paso sea dejar de tratar la soledad masculina como un asunto privado y empezar a verlo como el problema colectivo que ya es.