«Señores, para mí se acabó»: la soledad masculina se combate con porno y videojuegos
Cuando un hombre confiesa que espera morir solo y aislado, a lo japonés, la respuesta de su entorno digital oscila entre el sarcasmo y el consejo de pagar por sexo. Nadie le pregunta por qué se siente así. Le recomiendan, en cambio, que se enamore de un personaje de ficción, que use la inteligencia artificial para crear una novia virtual o que asuma que el amor es una estafa diseñada para unos pocos.
El refugio digital: de la gata al personaje de videojuego
Hay quien encuentra consuelo en el personaje femenino de un videojuego y en sus propias mascotas. Otros señalan que la tecnología ya permite convertir esa fantasía en una compañera casi real: imágenes, vídeos y, pronto, interacción por realidad virtual. El argumento económico también juega a favor: el porno gratuito evita el gasto y las complicaciones de las relaciones reales. La soledad se gestiona como un consumo más.
La teoría del desencanto: hipergamia, «chads» y rendición
Una lectura más sofisticada sostiene que el amor romántico es una estafa y que los triunfadores solo acumulan relaciones superficiales sin construir nada estable. La hipergamia, la tendencia a buscar pareja por encima del propio estatus, condenaría a todos a la infelicidad. Frente a ese determinismo, el único consejo práctico es bajar las expectativas y empezar por quien no gusta. Una sugerencia que choca con la necesidad emocional pero que al menos reconoce la urgencia del problema.
El drama termina sin solución. El hombre que anunciaba su muerte en soledad recibe un catálogo de escapismos digitales y una ideología que le explica por qué no merece la pena intentarlo. La conversación es un espejo incómodo: la soledad masculina no solo no se aborda, se reviste de cinismo. Mientras tanto, él seguirá esperando que alguien le demuestre lo contrario.