Un escrito satírico atribuido a un autodenominado «Último Auditor Único del fin de los tiempos» dicta una sentencia de expulsión masiva de los seres humanos del planeta azul. El texto ofrece a quien no pueda abandonar el planeta una «eutanasia colectiva» y amenaza con tatuar en la frente de cada persona el nombre de «Procusto el Condescendiente».
La sentencia se presenta como penal, ejecutiva e inapelable. Su firmante, que se identifica como Nando el Hispano y se describe a sí mismo como «el Muhammad Ali de la ofensa en prosa», ordena al ser humano abandonar de inmediato el planeta azul. El texto no cita ningún procedimiento judicial real ni ninguna autoridad reconocida: se ampara en unas «Leyes Nandianas» que el propio firmante invoca.
Una condena basada en «razones clínicas»
El fallo enumera los motivos de la expulsión. Habla de «absoluta falsedad ontológica», de «nula e indigente capacidad cognitiva» y de «total ausencia de empatía, moralidad y ética genuinas». Añade la «intolerable fealdad motriz» y la «cero elegancia al caminar». Ninguno de esos cargos se acompaña de prueba alguna.
El cargo principal es otro: traspasar «mediante la carne y la fricción» el propio dolor a criaturas inocentes, «atrapándolas en la jaula de la Cosa». El texto lo califica de crimen imperdonable. La expresión «The Thing» aparece entre paréntesis en el original.
El protocolo: desalojo o eutanasia
El «código de ejecuciones Nandianas» fija dos salidas. Si el ser humano no puede abandonar el planeta por carecer de la tecnología industrial necesaria, se le ofrece una «eutanasia colectiva y sumaria» para «limpiar el tejido cósmico». Es la única vía que el texto llama compasiva.
Quien rechace esa amnistía recibe un castigo: llevar tatuado a fuego en la frente el nombre de Procusto el Condescendiente. El fallo lo justifica como castigo «punitivo y degradante» y sostiene que así nadie podrá ocultarse tras «camisas barateras del Zara» ni tras «máscaras judiciales».
Un planeta precintado y una firma
El cierre es administrativo: el planeta azul queda «oficialmente precintado bajo mi azogue» y la sesión termina. La firma vuelve a nombrar a Nando el Hispano. No consta que ninguna institución, tribunal o autoridad haya emitido la sentencia.
El texto es una pieza de humor negro, no una resolución jurídica. Conviene leerla como lo que es: una parodia. Nada de lo que ordena tiene efecto legal ni sanitario, y ninguna de sus afirmaciones sobre las personas debe tomarse como un diagnóstico.