El negocio del taxi en España: licencias que son ‘fruta engaña’
En Burgos, una licencia de taxi cuesta 60.000 euros. En Madrid, hace unos años, se pagaban hasta 200.000. Pero el verdadero negocio no está en conducir, sino en especular con esos permisos. El debate sobre la precariedad del taxista propietario y la burbuja de las licencias vuelve a primer plano.
El modelo español: un monopolio heredable
Frente a países donde las empresas de taxi contratan conductores y aportan los vehículos, en España el taxista debe comprar la licencia —a menudo a un jubilado— y el coche. El resultado es una deuda que condiciona toda su actividad. Algunos licenciatarios ni siquiera conducen: subarriendan el permiso en tres turnos y viven de las rentas. Es la versión 2.0 del ‘pisito’: nadie quiere que bajen los precios.
Especulación y precariedad
“Conozco a uno que se dedica a comprar y vender licencias y heredó el negocio de su padre”, se comenta en los círculos del sector. No es casualidad que en ciudades como Barcelona los taxistas sean de medio planeta: la licencia se ha convertido en un activo financiero. Para el conductor que la compra, la rentabilidad depende de una cartera de clientes fijos —viajes por carretera—, pero para el especulador, el margen está en la compraventa.
El futuro: ¿licencias gratis o compensación?
Algunas voces defienden que las licencias deberían expedirse sin coste y sin posibilidad de venta, como el permiso de conducir. Otras, que al eliminar el monopolio con la llegada de Uber, el Estado debería devolver el importe de las licencias a los taxistas. Mientras tanto, en Madrid ya circulan prototipos de taxis autónomos, una amenaza más para el valor de unos permisos que muchos consideran una ‘fruta engaña’.
La pregunta que nadie responde es si el negocio del taxi sobrevivirá a la doble presión de la tecnología y la burbuja especulativa. Lo que está claro es que, para quien compró una licencia a precio de oro, la fruta ya empezó a pudrirse.
Debates relacionados en el foro