Shopee cierra en España y el chollo chino se queda sin recambio
¿Cuánto dura una ganga? Menos de lo que tarda en llegar el paquete.
Shopee, la plataforma que aterrizó dispuesta a devolver los precios que Aliexpress tenía en 2014, ha comunicado el cierre de su operación en España. Lo hizo con un escueto aviso de que se marcha «por razones que no pueden explicar», y solo de aquí: en Europa seguirá operando en Polonia. La noticia cae justo cuando más gente había empezado a mirar la app en busca de la quincalla que Aliexpress ya no regala.
Para quien lleva años comprando tornillería, cables y relojes de marca inexistente, el golpe tiene su gracia. La llegada de Shopee se vendió como una vuelta al pasado:
los mismos precios de hace una década y, sobre todo, la posibilidad de pagar con PayPal. Hay quien presume de tener veinte pedidos hechos y de que el reembolso, cuando algo fallaba, llegaba sin pelea.
La promesa: precios de 2014 y pago con PayPal
El gancho era sencillo y por eso funcionó. Donde Aliexpress había subido el listón —y los precios—, Shopee entraba con catálogo barato, envío gratuito y una pasarela de pago que daba tranquilidad a quien ya había sido quemado. La comparación que circulaba era explícita:
es como el Aliexpress de 2014, pero con menos sustos.
La confianza no era ciega. Los primeros avisos apuntaban a vendedores que no enviaban y pedidos que se cancelaban solos, con reembolso automático. No es un drama, pero deja claro el modelo: plataforma que media, vendedor que decide, comprador que reza. Aun así, la mayoría coincidía en que merecía la pena probar. Con esos precios, el riesgo era asumible.
¿Por qué el envío gratis de Shopee deja de serlo a partir del decimoquinto artículo?
Aquí llegó el primer jarro de agua fría. El envío gratuito tenía condiciones, y las condiciones cambiaron. Primero, con un mínimo de compra bajo. Después,
ese mínimo subió a 5 euros. Y por debajo de esa cifra, cada artículo se penalizaba con
2,55 euros de gastos de envío por unidad.
El detalle que remata la ganga es otro: existe un límite de compra al mes.
Quince productos. Si te pasas, se acabó el envío gratis. El cálculo es demoledor para quien compra chuminadas cuyo precio ronda el euro: sumar dos euros y medio por pieza convierte el ahorro en pérdida. La letra pequeña, además, estaba redactada de forma que costaba descifrarla.
A eso se añade el IVA. La plataforma lo cobra al enviar a la UE, con un tipo algo inferior al 21% general. Antes de 2021, cualquier paquete por debajo de 22 euros viajaba libre de
impuestos. Ese colchón ya no existe, y se nota.
Aliexpress tampoco es la alternativa
Si Shopee se va, queda Aliexpress. Y Aliexpress lleva tiempo dejando de ser el refugio. La queja es transversal:
los precios se han disparado. Un reproductor de MP3 decente pasó de 80 a 130 euros. Un móvil económico que se compró por 80 ahora cuesta casi el doble. Los cupones, que antes salían cada semana, escasean.
Los envíos tampoco ayudan. Hay pedidos que tardan meses: uno de los casos citados tardó
tres meses y medio en llegar, con veinte días parado en aduanas. En el lado opuesto, hay quien recibió cuatro pedidos en unos veinte días, todo embalado y con calidad aceptable. La experiencia depende del vendedor, no de la plataforma.
El cierre: Francia en marzo, India antes, y aquí ahora
El adiós de Shopee no es un caso aislado. En Europa solo operaba en Polonia, Francia y España.
En Francia cerró en marzo y hace unos meses lo hizo en India. Con España fuera, solo aguanta Polonia. Los motivos oficiales no se explican; las hipótesis que circulan apuntan al problema de las falsificaciones o a la falta de rentabilidad cuando el negocio se sostiene sobre cupones.
Cierran y no dicen por qué. Tampoco es que haga falta. El cierre deja a los compradores de baratijas con una sola puerta grande y una sensación amarga: lo bueno dura poco y lo malo dura siempre.
Qué compraba la gente (y qué le llegaba)
El catálogo útil era estrecho. Ropa deportiva falsificada de fútbol ha salido bien: chándales a 30 euros y camisetas a 15 que, a la vista, clavan al original. La calidad del material no es la misma, pero aguanta el uso. Es el segmento donde el ahorro es real.
Luego está la cara fea. Un pedido de una cámara de vigilancia —de unos 12 euros— llegó convertido en un trozo de goma dentro de un sobre. No es un error de envío; es una estafa, y ocurre cuando el vendedor desaparece y la plataforma ya no responde. Los repartos, por cierto, van por operadores que generan su propia leyenda.
Con Aliexpress más caro, Shopee cerrando y el IVA cobrándose siempre, la era de la quincalla a precio de risa parece haber terminado. Quedan los relojes de marca inventada y la esperanza de que algo llegue. Total, para ahorrarte dos euros solo había que rezarle a un track de Correos durante un mes.