El dilema de la segunda venida: ¿mesías o esquizofrénico?
Imaginemos que mañana aparece un hombre en la Plaza Mayor de Madrid asegurando ser Jesucristo. Predica amor, critica a los poderosos, afirma tener poderes divinos y congrega seguidores. Lo más probable es que no termine en un púlpito, sino en un psiquiátrico. Este escenario, que combina teología y psiquiatría, ha resurgido en debates online con una mezcla de ironía y preocupación.
La tesis es sencilla: los milagros y las visiones que hace dos mil años se interpretaban como señales divinas, hoy se considerarían síntomas psicóticos. El DSM-5 (manual de trastornos mentales) incluye criterios como delirios de grandeza y alucinaciones auditivas que casan perfectamente con la experiencia de varios profetas bíblicos.
¿Ya ha vuelto y no nos enteramos?
Una corriente de pensamiento sostiene que la segunda venida ya ocurrió, pero pasó inadvertida porque el supuesto mesías fue internado y lobotomizado. Una variante más terrenal afirma que el elegido nació en Murcia el 29 de febrero de 1972, con apellido Sánchez, y que la sociedad lo rechazará como a un traidor. Otra línea asegura que Jesucristo ascendió a quinta densidad y no piensa volver a encarnar.
El núcleo del debate es el choque entre la cosmovisión sobrenatural y el paradigma científico. La psiquiatría moderna ha medicalizado las experiencias espirituales extremas, y un individuo que afirmara hablar con Dios directamente sería derivado a tratamiento farmacológico, no a un concilio.
El factor político
Algunas intervenciones apuntan a que el retorno de Cristo sería rápidamente etiquetado no solo de esquizofrénico, sino de antisemita, lo que refleja una lectura política de la figura bíblica. Otras, más conspiranoicas, señalan a un político actual como el verdadero mesías destinado a ser sacrificado mediáticamente.
El dilema no tiene solución fácil. Si Jesús volviera hoy, probablemente sería medicado y silenciado, lo que paradójicamente cumpliría la profecía de ser rechazado y perseguido. Pero quizá el verdadero milagro no sean sus poderes, sino que alguien con semejante relato consiga ser escuchado antes de que le pongan un diagnóstico.