La CPI pide arrestar a Netanyahu si pisa la UE
El fiscal de la Corte Penal Internacional, Karim Khan, ha solicitado al tribunal la emisión de órdenes de arresto contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, su ministro de
Defensa, Yoav Gallant, y el líder de Hamás, Yahya Sinwar, por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad. La petición, fechada en el marco del expediente sobre el Estado de Palestina, incluye cargos por
causar exterminio, provocar inanición como método de guerra, denegar ayuda humanitaria y atacar deliberadamente a civiles. No es una orden firme: es una solicitud que ahora deben validar tres jueces. Pero el terremoto político ya está servido.
Qué ha pedido exactamente el fiscal y qué falta
La confusión es la primera batalla de este asunto. El fiscal
solicita; no dicta. La orden solo existe cuando la sala de cuestiones preliminares la aprueba, y contra esa decisión caben recursos. Quien haya leído el comunicado con prisa creerá que Netanyahu ya está camino de La Haya. No lo está. Lo que hay es una petición formal con nombre y apellidos, algo que hasta ahora no había ocurrido con un primer ministro israelí en ejercicio.
El segundo malentendido es jurisdiccional. Israel no es firmante del Estatuto de Roma, y ese es el argumento central de quienes sostienen que la corte se extralimita. La respuesta del tribunal es que Palestina sí es parte desde 2015 y que los hechos ocurren en su territorio. De ahí que el expediente se titule, literalmente,
Estado de Palestina. Para una parte del análisis, ese detalle revela de qué pie cojea la corte; para otra, es simple aplicación del tratado.
Quién ejecutaría la detención y quién no
Aquí empieza lo interesante. Alemania ha dicho que ejecutaría la orden si se emite. Francia y Noruega también. Eso significa que Netanyahu, hoy, tendría que pensarse dos veces un vuelo sobre espacio aéreo comunitario: cualquier incidencia podría forzar un aterrizaje en un aeropuerto donde la orden sea ejecutiva. No es una hipótesis de ciencia ficción, es el funcionamiento ordinario de la cooperación judicial.
El contrapunto lo pone la experiencia. La mayoría de los dirigentes con orden de arresto de la CPI siguen su vida sin sobresaltos: de unas sesenta, solo un puñado han acabado bajo custodia. Y hay un precedente cercano que se cita mucho: el de la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez, que aterrizó en Barajas y no pasó nada. La diferencia, argumentan algunos, es que a Netanyahu le importa el coste reputacional en Europa Occidental; a otros líderes, no.
El efecto sobre la posición de Netanyahu
El daño no es la detención, es la erosión. Un primer ministro que no puede pisar media Europa sin riesgo legal pierde margen diplomático, y eso se nota en cada negociación. La pregunta es cuánto pesa ese desgaste frente a la base política que lo sostiene. Por ahora, la respuesta está abierta.
Hay quien va más lejos y sostiene que la orden es una
pantomima para que la UE parezca no ser sierva de nadie, y que si Netanyahu aterrizara en Berlín no le pasaría absolutamente nada. Otros recuerdan que el propio tribunal tiene pendiente una denuncia por genocidio presentada por Sudáfrica, y que esa denuncia no ha sido probada. Dos causas distintas, dos ritmos distintos, y una tentación constante de mezclarlas.
El frente interno: Hamás, Sinwar y el doble rasero
La petición incluye también a los líderes de Hamás. Eso complica el relato de quienes presentan la decisión como un ataque exclusivo a Israel. Y abre otro frente: si la corte equipara en el mismo documento a un gobierno electo y a una organización armada, la discusión sobre proporcionalidad y sobre derecho internacional se vuelve inevitablemente política.
En paralelo, la guerra ha dejado a la vista las costuras de organismos multilaterales cuya capacidad de ejecutar sus propias decisiones es, en el mejor de los casos, discutible. La CPI puede emitir; no puede detener. Esa brecha entre lo que se firma y lo que se cumple es, probablemente, el verdadero tema de fondo.
Qué pasa ahora
Los jueces estudian la solicitud. Si la aprueban, Netanyahu se convierte en el primer jefe de gobierno en ejercicio con orden de arresto activa por parte de la corte. Si la rechazan, el fiscal habrá quemado capital político para nada. En cualquiera de los dos escenarios, la pregunta incómoda sigue en pie: ¿de qué sirve una justicia internacional que solo alcanza a quien ya está dispuesto a dejarse alcanzar?