La “Odisea” de Nolan: el 9 de los críticos y el 5 de los espectadores
Recién llegada a los cines, la superproducción de Christopher Nolan ya ha conseguido la cuadratura del círculo: que la prensa especializada hable de obra maestra mientras el público rasca un aprobado justo. En Metacritic, la nota de los críticos alcanza el 89 sobre 100. La media de más de mil usuarios, sin embargo, se queda en un 5 pelado. Alguna de las dos partes está viendo una película distinta. Tres horas de metraje dan para mucho, sobre todo para que cada sector proyecte sus propias expectativas.
La brecha entre la crítica y la butaca
No es noticia que las notas de prensa y las de los espectadores se separen unos puntos. Pero un abismo entre el 89 de los críticos y el 5 de los usuarios no se ve todos los días. En Filmaffinity el promedio se sitúa en el 78, un notable que invita a matizar el desastre: la película no sería ni la joya que venden unos ni el truño que denuncian otros. “Hay una sobredosis de falta de color”, resume una de las críticas más repetidas. La paleta gris de Nolan, esa firma que convierte cualquier paisaje en un filtro deprimente, choca frontalmente con la luz cruda del Egeo. La distancia entre crítica y público tampoco es solo estética: las proyecciones para prensa no representan a la sala de butacas.
El casting como campo de batalla
La segunda gran trinchera es el reparto. La elección de una actriz negra para Helena de Troya, un Sinón de estatura discutible y la presencia de actores trans en personajes de la Grecia clásica han levantado ampollas. Para unos, es una relectura necesaria de un texto milenario. Para otros, una imposición ideológica que rompe la verosimilitud. Hay matices que complican el discurso: Homero describe a Aquiles como rubio en el texto griego, así que la pureza étnica como bandera tampoco resiste el contraste con la letra pequeña del clásico. El tono de la discusión roza lo absurdo en algunos tramos, con acusaciones de apropiación cultural cruzadas entre bandos que se consideran los únicos custodios del legado de Homero.
El negocio de la división
En términos de industria, la polémica tiene su lógica comercial. Cada ataque es un titular gratuito, y Nolan, un director con suficiente crédito para llenar salas solo con su nombre. El problema para la productora llega cuando el boca a boca se enfría: las grandes superproducciones dependen de la segunda semana para justificar presupuestos descomunales. Y aquí los datos de audiencia apuntan a un público dividido, no entusiasmado. La estrategia de usar la diversidad como gancho publicitario puede ser rentable, pero también puede espantar a la base más clásica del espectador. Que el debate haya acabado en un espacio de análisis económico no es casual: el cine es, antes que arte, un mercado con expectativas de retorno.
¿Qué queda tras la batalla?
Quizá la conclusión más honesta es que la película existe en dos versiones: la que puntúan los críticos en la proyección de prensa y la que vota la gente que paga entrada. Nolan, mientras tanto, repite su esquema conocido: un protagonista atormentado, el tiempo jugando al escondite y una banda sonora omnipresente. La “Odisea” será lo que cada cual quiera ver. Los números, al menos, ya han dictado sentencia sobre la falta de consenso. Y cuando una obra genera este nivel de cisma, lo más parecido a la verdad es la media: ni obra maestra ni basura, sino un acontecimiento que cada espectador tendrá que dirimir por su cuenta.