Avdivka y el recuento imposible de las bajas rusas en el frente
Un vehículo blindado parado en un camino de tierra, un grupo de infantería que no llega a la línea de árboles y una columna de humo al fondo. Es el enésimo clip que sale de los alrededores de Avdivka, en el Donbás, y el enésimo que reabre la misma pregunta: cuántos soldados rusos han muerto desde febrero de 2022 y por qué ninguna institución da la misma cifra. Los vídeos de la ofensiva sobre esa localidad, difundidos por brigadas ucranianas y replicados por cuentas militares, se han convertido en el material más incómodo de la
guerra de Ucrania. No por lo que enseñan, sino por lo que dejan sin resolver.
Tres estimaciones y un margen de 230.000 muertos
La horquilla es tan ancha que casi cualquier afirmación cabe dentro. Ucrania habla de
más de 300.000 soldados y mercenarios rusos muertos, una cifra que el propio seguimiento del conflicto reconoce como exagerada. En el otro extremo, la estimación británica fechada en octubre de 2023 sitúa entre
150.000 y 190.000 los efectivos rusos muertos o incapacitados. Y un cálculo intermedio, hecho a ojo de buen cubero, deja el suelo en 70.000-90.000 muertos.
Aun en el escenario más conservador, se trata de cifras sin precedentes en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, superiores a los muertos estadounidenses en toda la guerra de Vietnam. La distancia entre 70.000 y 300.000 no es un matiz académico: separa una campaña costosa de un desastre demográfico. Y explica por qué la discusión se atasca siempre en el mismo punto, entre quienes exigen un recuento independiente y quienes sostienen que ningún bando lo quiere publicar.
Avdivka: 6 kilómetros y varias divisiones de por medio
Avdivka es el laboratorio donde esas cifras se ponen a prueba. El frente en esa zona, según el planteamiento que abrió la discusión, no se mueve desde 2014. La ofensiva lanzada ahora se compara con Bajmut: oleadas sucesivas contra posiciones fortificadas, sin avance proporcional al coste. Los números que se manejan son los de
6 kilómetros para cerrar el cerco, unos 6.000 efectivos perdidos en el intento y una nueva apuesta de hasta 40.000 hombres para conquistar alrededor de 30 kilómetros cuadrados.
El equivalente a cuatro divisiones para un rectángulo que se recorre a pie en una mañana. Con esas ratios, la conquista completa de la región exigiría una masa de tropas que ninguna operación reciente en Europa ha reunido. De ahí la pregunta que recorre el análisis: si el terreno ganado no cambia, ¿qué se está comprando exactamente con esas pérdidas?
La comparación con la batalla de Berlín
Para calibrar la escala, la referencia que se ha impuesto es la batalla de Berlín. Allí el Ejército Rojo reunió
2.062.000 soldados en 286 divisiones, con 6.250 tanques y cañones autopropulsados, 41.600 piezas de artillería y 7.500 aviones; entró en la ciudad con un millón y medio de hombres. El asalto costó al Ejército Rojo 81.116 muertos o desaparecidos y 280.251 enfermos o heridos, mientras las fuerzas alemanas dejaron 458.080 muertos o desaparecidos, 479.298 prisioneros y 22.000 civiles muertos.
La conclusión que extrae buena parte del análisis es que lo actual es una
guerrita de desgaste comparada con el patrón del siglo XX. Los números de Berlín, en cualquier caso, describen a un ejército que sitió una capital con un millón y medio de hombres; en Avdivka no hay nada parecido y el frente se mueve menos.
Municiones de racimo, drones y minas: qué mata en Avdivka
El material gráfico apunta a un patrón. La 47.ª brigada mecanizada ucraniana ha difundido imágenes en las que aparece munición de racimo
DPICM de origen estadounidense: cada proyectil dispersa 70 submuniciones y genera metralla en varias direcciones, con un efecto equivalente al de cinco proyectiles de 155 mm. El daño no se limita a la infantería; los vehículos también estallan con el impacto de las submuniciones.
A esa mezcla se suma el resto del inventario habitual: minas, drones y fuego de mortero en la proximidad de la ciudad, y contrabatería más atrás, en la zona de Karlivka, donde las columnas quedaron expuestas al principio de la ofensiva. El resultado es que buena parte de las bajas no se produce en el asalto, sino en los accesos y en el momento en que los vehículos se detienen. La proporción entre unos medios y otros es, precisamente, lo que nadie ha desglosado con cifras.
Los vídeos del otro lado: la guerra de cifras simétrica
La pieza que falta en el relato es la simetría. Canales de Telegram rusos publican material equivalente con soldados ucranianos en la misma situación, también en esa zona. Para una parte del análisis, eso convierte cualquier recuento en propaganda: si ambos bandos difunden sus peores imágenes, la suma real es incalculable.
Otros sostienen lo contrario, que existe una asimetría verificable: se ven vehículos ucranianos destruidos e inmovilizados, pero no las filas de cuerpos sin recoger que aparecen en el material del otro lado. Hay incluso quien cifra en hasta
cinco veces la proporción de bajas rusas frente a las ucranianas. Ninguno de los dos bandos ha publicado el dato que permitiría zanjarlo.
Reclutamiento, negociación y el relato que se agota
En paralelo, la discusión se ha desplazado al terreno demográfico. La movilización ucraniana ha tocado mujeres, reservistas mayores y edades que antes quedaban fuera del llamamiento, y hay quien lee en ello una señal de agotamiento del lado que defiende. Se discute también si Kiev se sentará a negociar y con qué margen: hay quien cree que la mesa no incluirá ni Crimea ni el Donbás en ninguna cesión.
La guerra, mientras, funciona como un ejercicio de desgaste mutuo con el suministro exterior como variable principal. Nadie se mueve, todos pierden y las cifras siguen bajando desde el aire sin verificación sobre el terreno.
El dato que descoloca no lo firma ningún bando. En la batalla más sangrienta librada en la capital del Reich en 1945 murieron 81.116 soldados soviéticos. En torno a Avdivka, un núcleo minero al que se llega con una piedra lanzada desde Donetsk, el recuento conservador de bajas rusas ya se mide en decenas de miles.