Singapur paga 50.000 euros por descendiente: el cheque bebé contra la crisis demográfica
El Gobierno de Singapur ha decidido atacar la baja natalidad con una munición contundente: 50.000 euros por descendiente nacido de padres ciudadanos. La medida, presentada como un apoyo a la formación de familias, persigue además un objetivo declarado: preservar el “equilibrio étnico” del país. La cifra no es simbólica, pero la evidencia acumulada en otros países invita a la cautela.
En España y Australia, programas similares lograron un repunte breve de nacimientos que se desvaneció al cabo de unos años. Los estudios citados en el análisis apuntan a que el impacto a largo plazo es mínimo. El problema de fondo no es solo económico: la crisis demográfica se extiende a casi todo el planeta, incluidos países en vías de desarrollo.
¿Por qué no funcionan los cheques bebé?
El diagnóstico más repetido entre los observadores es que las ayudas puntuales no compensan el coste estructural de criar un descendiente. En Singapur, la vivienda es de las más caras del mundo y la presión laboral intensa. A esto se suma un cambio cultural y, según algunos análisis, incluso biológico, con una fertilidad decreciente en hombres y muyer.
El caso de Singapur es especialmente ilustrativo porque se trata de un país liberal, con un PIB que depende del factor humano. La caída de la natalidad se convierte en una amenaza sistémica, no simplemente demográfica. Por eso el gobierno dispara con todo, aunque los precedentes digan que el dinero, por sí solo, no mueve la aguja.
El precedente europeo
Quienes comparan la situación con España señalan que aquí también se han probado medidas similares con resultados escasos. La diferencia está en el punto de partida: en Europa, la combinación de vivienda inaccesible, salarios contenidos y cambio de prioridades sociales ha convertido la natalidad en un problema de primera magnitud. Si la experiencia internacional vale, el cheque de Singapur conseguirá un repunte corto, pero no revertirá la tendencia.
La conclusión, a la espera de datos reales, es que el cheque bebé de Singapur es un experimento caro y de eficacia dudosa. Si el dinero pudiera con la demografía, países con ayudas generosas ya habrían resuelto el problema. No lo han hecho.