Sin apoyo militar, Ucrania caerá en cuestión de días
Ucrania no aguanta sin munición. Lo sostiene Josep Borrell, responsable de la política exterior de la Unión Europea, durante un acto sobre el Estado de la Unión organizado por el Instituto Universitario Europeo en Florencia. «Si no apoyamos a Ucrania, Ucrania caerá en cuestión de días», dijo ante la periodista de Euronews Méabh McMahon. No es un aviso genérico: es la justificación de todo lo que viene después.
La segunda frase descoloca a quien aún crea que Bruselas se dedica a mediar:
«no es el momento de mantener conversaciones diplomáticas sobre la paz. Es el momento de apoyar militarmente la guerra». Ahí está el cambio de marco completo. La diplomacia de salón, aparcada.
El millón de proyectiles y el plan de 500 millones
La UE corre para cumplir su promesa de entregar
un millón de proyectiles de artillería en 12 meses, munición que Kiev necesita para la contraofensiva prevista. Para desatascar la producción, la Comisión propuso un plan de
500 millones de euros —el programa ASAP— con cuellos de botella industriales de fondo y una opción llamativa: que los Estados miembros pongan dinero adicional redirigiendo parte de los fondos de cohesión y de recuperación pos-COVID.
Borrell no esconde el coste de oportunidad. «Sí, preferiría gastar este dinero en aumentar el bienestar de la gente,
hospitales, escuelas, ciudades. Pero no tenemos elección», admitió. La frase, en boca del máximo responsable diplomático de la UE, vale más que cualquier discurso sobre la integración europea.
¿Por qué Borrell pide munición en vez de negociar?
Porque, según su lectura, no hay interlocutor. Borrell sostiene que Putin repite que tiene objetivos militares y que seguirá luchando mientras no los alcance. Su receta es directa:
«Si quieren la paz, presionen a Rusia para que se retire». De los planes sobre la mesa solo salva el de diez puntos de Volodímir Zelenski, al que considera lo único que podría llamarse un plan de paz.
Y despliega el escenario que dice querer evitar: una Ucrania incapaz de defenderse, obligada a rendirse, con tropas rusas en la frontera polaca y el país convertido en
una segunda Bielorrusia. «¿Quieres que la guerra termine así? No», zanja.
«La guerra nos ha unido»: el argumento de la cohesión europea
Borrell admite que pasa buena parte de su tiempo hablando de armas y municiones y que hoy se siente más
ministro de Defensa que jefe de la diplomacia. El cargo, diseñado para negociar y mediar, se ha reconvertido en logística de artillería. La paradoja es evidente y él la asume sin pudor.
Su tesis es que la amenaza ha hecho lo que no lograron décadas de discursos: «No hay nada que pueda unirte más que un enemigo, una amenaza». Añade que Putin se equivocó al calcular que la dependencia energética dividiría a los europeos y que la opinión pública se cansaría de sostener a Ucrania.
La letra pequeña de esa unidad es otra cosa. Cada decisión trascendental de los últimos quince meses —sanciones, munición, redirección de fondos— ha salido adelante tras negociaciones largas, tortuosas y a veces divisivas entre los
27 Estados miembros. La cohesión de la que presume el alto representante se fabrica a golpe de acuerdo de última hora.
Quién decide y quién paga el apoyo militar
Los envíos de armamento y la redirección de fondos comunitarios son decisiones que se toman lejos del domicilio fiscal del contribuyente que las financia. Hay quien sostiene que mandar armas solo alarga el sufrimiento y que Europa debería forzar una salida negociada; enfrente pesa el argumento de que una Ucrania sin armas no se sienta a negociar, simplemente se rinde.
La crítica no se dirige solo al presente. Una parte del análisis sostiene que el deterioro de la relación con Moscú viene de lejos y que lo que ahora se presenta como defensa de la libertad se paga con presupuesto europeo. La versión oficial es la contraria: la agresión la decidió el Kremlin y la UE solo reacciona.
Entre ambas posiciones, la conversación pública suele quedarse con la pregunta más incómoda para el poder: por qué quienes piden sacrificios desde un despacho no comparten el riesgo que reparten.
Hacia dónde apunta el envío de munición
Con el plan industrial en marcha, el escenario más probable a corto plazo no es una mesa de negociación, sino más artillería. Ahora bien, prometer un millón de proyectiles y producirlos son dos cosas distintas: los cuellos de botella de la industria de defensa europea no se arreglan con un comunicado.
Si los números no cuadran cuando toque rendir cuentas, la frase de Florencia —caerá en cuestión de días— se volverá incómoda para quien la pronunció. Y para quien se la creyó.