Renta de 200 euros por hijo: la propuesta que costaría 30.240 millones
La propuesta de Sira Riesgo de pagar 200 euros mensuales por niño hasta los 18 años tiene una cifra que divide: 700.000 menores saldrían de la pobreza. La cuenta para llegar ahí, sin embargo, asusta. Multiplicando 700.000 niños por 18 años, 12 meses y 200 euros, el coste total alcanza los 30.240 millones de euros. En términos anuales, unos 1.680 millones. No es calderilla, aunque para una economía del tamaño de la española tampoco es un agujero insalvable. Depende de lo que se esté dispuesto a pagar para que un millón de críos no pasen frío.
La primera grieta aparece en el diseño. ¿Ayuda universal o selectiva? En el análisis económico hay quien sostiene que una prestación de este tipo debería canalizarse por el IRPF y beneficiar sobre todo a madres trabajadoras con historial de cotización. Una desgravación, en lugar de un cheque mensual, evita el riesgo de que el dinero se vaya a consumo inmediato y premia la participación laboral. La alternativa, el cheque directo, es más simple y llega a quien no tributa, pero abre la puerta a los efectos perversos que ya se han visto en otros países. Argentina puso en marcha la asignación universal por hijo y los resultados, según los críticos, no fueron precisamente un éxito contra la pobreza: la controversia allí acabó centrada en quién se estaba reproduciendo con el dinero público. Y eso es un argumento que, más allá de los eufemismos, pesa como una losa.
El segundo frente es el de la natalidad. Con una tasa de fecundidad cercana a uno, España no genera población de reemplazo. La renta infantil llega tarde para quienes ya no tienen hijos; sirve como red para los que ya los tienen, pero no como incentivo para tenerlos. Algunos llegan a sugerir que la paga debería ser de 700 euros al mes para que tuviera efecto real sobre las decisiones familiares. Otros recuerdan que el dinero no se crea del aire: si solo hay diez manzanas y se reparte más dinero, las manzanas suben de precio. El eslogan «Hacienda Somos Todos» encaja bien mientras no se pregunta quién paga la factura.
El cierre del análisis se atasca exactamente allí: en quién cobra. La propuesta habla de sacar 700.000 niños de la pobreza, pero la historia reciente de las ayudas selectivas en España sugiere que el orden de reparto importa. Mientras unos exigen que coticen para recibir, otros advierten de que el dinero acabará en el consumo más inmediato. La calculadora está hecha. Falta saber si la política quiere hacer la división.