Un dual SIM con GPS por menos de 100€: el mismo móvil que cuesta 200€
A finales de agosto de 2013, un Android con doble SIM, GPS, pantalla de 4 pulgadas y cámara de 5 megapíxeles por debajo de los 100 euros sonaba a fantasía en cualquier escaparate español y era una opción de catálogo en el mercado chino. Las marcas —
Jiayu, Zopo, Cubot, Lenovo, Amoi— no le sonaban a casi nadie. Los precios, sí: el Jiayu G2 con 512 MB de RAM se anunciaba por
77 euros, la versión con 1 GB de RAM y cámara de 8 MPx subía a 97, y el Lenovo A800 en blanco aparecía por 82.
La pregunta que ordenaba todo era otra: por qué el mismo aparato vale el doble según quién lo firme. El caso que se repitió hasta la saciedad fue el
BQ Aquaris 5, a 199,90 euros, frente al Malata i8, a 99,99 dólares —unos 77 euros—. Mismo chasis, tripas idénticas, dos etiquetas. «Según algunos se trata del mismo móvil», resumía el planteamiento de partida.
Por qué el mismo móvil cuesta 77 euros o 199,90 euros
La cuenta sencilla la hizo cualquiera que se pusiera a sumar: 77 euros del terminal, más el
21% de IVA al entrar en Europa, dan 93. De los 199,90 a los 93 hay más de cien euros sin explicación contable. La versión oficial habla de servicio técnico, garantía de dos años, distribución y marca. La versión escéptica, la que más circulaba, apuntaba a que al importador le bastaba con ir al fabricante, comprometer una preventa de 10.000 unidades y quedarse el margen. Un cálculo que circulaba comparaba un terminal de 175 euros de marca con el mismo comprado directamente a China por
110 o 125 euros.
Nadie discutía que el producto sea idéntico. Se discutía el envoltorio: manual en chino e inglés de fábrica, o el mismo aparato ya «preparado para el usuario español». Ahí es donde algunos situaban los 100 euros de diferencia, y no precisamente en mejoras de hardware.
¿Cuánto se queda la aduana y cuánto la marca?
El IVA no explica el sobreprecio, pero tampoco es el único coste. En el arranque de la conversación sobrevolaba la sospecha de que
en aduana hay que pagar un 70% del valor, una cifra que se lanzaba como pregunta y que nadie llegó a confirmar con un documento. Lo que sí quedó claro es que el cálculo de la aduana es una lotería según cómo se declare el paquete.
Frente a eso, la compra en Europa tiene una ventaja que no se puede descontar: garantía, factura y alguien a quien reclamar. Hubo quien recordó compras conjuntas de terminales que salieron rana, con el organizador esfumándose y dos años de garantía teórica que no valían nada. El argumento tiene peso: el ahorro de 100 euros puede convertirse en un ladrillo sin retorno.
La compra real: dos terminales, 153 euros y una semana de tránsito
El mejor dato del asunto no salió de ningún catálogo, sino de una compra cerrada. Dos unidades del mismo modelo por
153 euros, con los 25 euros de DHL incluidos: unos 75 euros por cacharro. El envío tardó una semana y no pasó por aduana. El recorrido quedó registrado: sábado en Hong Kong, domingo en Alemania, lunes en Sevilla. Quien lo pidió lo dejó escrito: es cuestión de suerte y de saber elegir el transporte.
El detalle práctico que más se agradeció fue el del formato. El terminal resultó ser
clavado en dimensiones al Huawei Y300, así que la funda de ese modelo encaja sin buscar nada exótico. Un dato de esos que no aparecen en la ficha técnica y ahorran media tarde.
El punto débil no es el precio: son los 512 MB de RAM
La memoria es el recorte silencioso de toda la gama. La advertencia se repitió varias veces: con
512 MB no se va a ninguna parte si se usa el móvil de verdad. Quien lo compró lo confirmó después: RAM y batería «muy justas» si se trabaja mucho con el teléfono, suficientes para mensajería y webs en versión móvil. La versión de 1 GB de RAM y 8 MPx costaba 20 euros más y era la que recomendaban casi todos.
Sobre la potencia, la discusión derivó al futuro: los ocho núcleos que empezaban a anunciarse costarían
400 o 500 euros y al año siguiente se comprarían por 200, sin que ese año dieran nada útil en un terminal. Comprar músculo de sobra tiene sentido en un ordenador de sobremesa; en un teléfono que se cambia cada dos años, bastante menos.
Precios que cambian en un día y un GPS que tarda en despertar
Las tiendas no ayudaban. Un mismo terminal pasó de
75 a 91 euros en un día y, unos días después, apareció con un pedido mínimo de 30 unidades. Comprar en un mercado sin escaparate ni escaparate de referencia tiene estas cosas: el precio depende del humor del vendedor y de la hora a la que se mire.
El GPS fue el otro capítulo. La precisión de
30 o 40 metros se considera pobre en buenas condiciones; lo habitual es bajar de 10. La solución que circulaba era activar el A-GPS y afinar la configuración del receptor, que en algunos modelos viene de fábrica pensada para otro hemisferio.
Marcas europeas y el espejismo de la etiqueta nacional
Mientras unos defendían la importación, otros buscaban coartada europea. Los Allview rumanos, desde 99 euros, se presentaban como fabricación comunitaria, aunque los chips siguieran viniendo de Asia. Y quedó el aviso de siempre:
HTC es taiwanesa, no china, y BQ no fabrica, importa. En paralelo aparecían clones de un iPhone que todavía no había salido a la venta, sin 3G, solo voz y wifi. La fábrica no distingue: en una mesa se monta una cosa y en la de al lado, la contraria.
Con estos números, comprar fuera debería ser masivo y no lo es. La diferencia entre 75 y 199,90 euros está sobre la mesa, pero nadie ha conseguido cerrar la cuenta exacta de a dónde van los 125 euros restantes. Y mientras esa cuenta siga sin cuadrar, seguirá habiendo quien pague por la etiqueta y quien prefiera arriesgarse a que el paquete llegue un lunes.