Solo Madrid ahonda las desigualdades entre ricos y pobres mientras frente a la mejora general del resto del estado >:(

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RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

La desigualdad en España ha caído a mínimos históricos, pero Madrid se queda atrás: es la gran ciudad más desigual del país y la que menos ha recortado su brecha desde 2015. Dentro de la capital, barrios como Chamberí y Chamartín rozan el máximo del indicador.

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La desigualdad en España ha caído a mínimos históricos, pero Madrid se queda atrás: es la gran ciudad más desigual del país y la que menos ha recortado su brecha desde 2015. Dentro de la capital, barrios como Chamberí y Chamartín rozan el máximo del indicador.

España lleva años creciendo a un ritmo que muchos economistas no esperaban y, al mismo tiempo, ha conseguido reducir su desigualdad. Las dos cosas a la vez, que durante décadas se presentaron como incompatibles. Los datos publicados por el INE en 2024 dibujan una mejora general en la distribución de la renta, con el país en mínimos históricos de desigualdad. Pero hay una excepción que se resiste a disolverse, y está en el centro de Madrid.

Madrid, la gran ciudad que menos iguala

La comunidad de Madrid tiene un indicador de Gini —la medida que va de 0, reparto perfecto, a 100, desequilibrio total— del 35% en 2024, frente al 31,9% de la media española. Es decir, Madrid reparte peor su renta que el conjunto del país, y lo hace con una de las rentas medias más altas de España. Esa combinación, mucha riqueza agregada y mucho desequilibrio, es la que explica que la capital aparezca siempre en los titulares.

Madrid ha moderado su brecha desde los máximos de 2015, cuando su Gini llegó al 37,4%. Pero lo ha hecho a un ritmo muy lento: apenas 2,4 puntos porcentuales en casi una década. Otras provincias que partían de niveles parecidos, como Sevilla o Tenerife, han recortado su desigualdad más del doble en el mismo periodo. En la mayoría de las grandes ciudades la desigualdad ha caído con claridad desde 2015: más de cuatro puntos en Málaga, Palma o Las Palmas. Madrid es la excepción.

La profesora del CEMFI Mónica Martínez-Bravo lo resume con claridad: es la gran ciudad más desigual de España y la que menos ha reducido su desigualdad. También es una de las pocas donde la distancia entre barrios ricos y pobres ha aumentado. En 2024, la renta de los barrios más ricos de Madrid creció un 8%, frente al 6,7% de los más pobres. El 36% de las secciones censales de la ciudad están en el decil más rico de España.

Chamberí y Chamartín, el límite del indicador

Dentro de Madrid hay otro Madrid. Varias secciones censales de la almendra central llevan una década en el tope del indicador de desigualdad. Destacan los barrios de Chamberí y Chamartín, donde el Gini se sitúa en el 44,8%, el máximo que permite la escala porque algunas fortunas son tan dispares que distorsionarían el cálculo. Allí conviven vecinos de rentas altísimas con residentes de otra época que todavía permanecen en estos distritos.

El geógrafo Ricardo Méndez explica que estas zonas suelen coincidir con las salidas de los ejes de las carreteras, ocupadas antiguamente por núcleos de extrarradio con pisos baratos. Esa mezcla es acusada en distritos como Chamartín o Salamanca, con zonas muy distintivas en Prosperidad y Guindalera. Los nuevos vecinos compran una vivienda por las nubes, pero aún quedan personas mayores, de renta antigua o herencias, con un perfil de ingresos que no casa con el valor del suelo que habitan.

Álvaro Ardura, profesor de urbanismo de la Escuela de Arquitectura de Madrid en la UPM, recuerda que en Chamberí y otras zonas de Centro quedan vestigios de las viviendas de mala calidad construidas a principios del siglo XX, cuando los constructores presionaban para ganar edificabilidad con corralas. Aunque el metro cuadrado se haya disparado, esas viviendas no encajan con vecinos de rentas elevadas. En la periferia del sur de Madrid la renta es mucho menor, pero el vecindario es más uniforme: las PAU son homogéneas porque el asentamiento se hace al mismo tiempo.

La costa y las islas: turistificación y rentas altas

El desarrollo urbano a trompicones, con urbanizaciones de lujo y atracción de extranjeros con rentas elevadas, explica gran parte de los polos de desigualdad a lo largo de la costa. Benidorm, Marbella o Alicante son algunos de los puntos donde se concentran familias de rentas muy altas en zonas que antes ocupaba población local. Méndez señala que se segrega a los vecinos, que tienen vidas paralelas que rara vez se cruzan. Lo mismo sucede en las islas, especialmente en Ibiza y Formentera, con tasas de desigualdad muy altas que no ceden.

Estos indicadores muestran también grados de turistificación o gentrificación. Los nuevos habitantes ricos van ocupando el espacio de los vecinos tradicionales, con el encarecimiento de la vivienda y de algunos servicios. A eso se suman los trabajadores del sector servicios que atienden las nuevas necesidades de las rentas altas. Son bolsas de desigualdad que no explican todo el relato de la mejora española, pero que se resisten a desaparecer.

Por qué España reduce su brecha y Madrid no

La reducción de la desigualdad en España desde 2017 tiene una explicación bastante terrenal: el crecimiento ha llegado sobre todo por el empleo, con subidas del salario mínimo y revalorización de las pensiones. Lo dice Martínez-Bravo, que recuerda que habitualmente la concentración de riqueza alrededor del capital es la que dinamiza más el PIB, no necesariamente la prosperidad, y por eso es difícil reducir la desigualdad con tasas de expansión altas.

La economista pide no lanzar las campanas al vuelo. 2024 es una señal de alerta: los ingresos de los ciudadanos suben un 6% y, aun así, la desigualdad apenas baja dos décimas. Cuando el crecimiento llega por las rentas del capital y no por los salarios, la mejora se frena. Ricardo Molero, profesor de Economía de la UAM, califica la reducción de significativa, hasta llevar al conjunto del país a mínimos históricos, pero recuerda que España todavía tiene camino para alcanzar a las economías europeas más igualitarias. Persisten divergencias territoriales muy marcadas entre norte y sur, entre costa e interior, y entre zonas urbanas y rurales.

Clara Martínez-Toledano, profesora de economía financiera del Imperial College de Londres, sintetiza: los datos del INE muestran diferencias muy persistentes. El País Vasco y Navarra concentran una proporción elevada de municipios de renta alta, mientras que Andalucía y Murcia presentan una concentración importante de municipios de renta baja. Pero distingue entre desigualdad entre territorios y desigualdad dentro de cada territorio: una región puede tener una renta media elevada y, al mismo tiempo, diferencias muy importantes entre sus habitantes. Las capitales de provincia de la España vaciada, Galicia y las zonas rurales del norte destacan por índices especialmente bajos.

La foto final es la de un país que iguala más que hace una década, con Madrid como la gran excepción que concentra la brecha. Los datos son del INE y conviene leerlos con la cautela de siempre: un indicador mide una foto, no una película, y las decisiones económicas que vengan después pueden moverla en cualquier dirección.

Datos clave
  • El Gini de la Comunidad de Madrid fue del 35% en 2024, frente al 31,9% de la media de España.
  • Madrid ha recortado su desigualdad solo 2,4 puntos desde 2015, cuando marcó su máximo del 37,4%.
  • El 36% de las secciones censales de Madrid están en el decil más rico de España.
  • En 2024 la renta de los barrios ricos de Madrid creció un 8%, frente al 6,7% de los más pobres.
  • Chamberí y Chamartín alcanzan el tope del indicador de desigualdad, el 44,8%.
Fuente: elpais.com
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Solidario García

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Dos mantras sustentan viejos dogmas económicos: que la desigualdad era necesaria para el pogre en el sistema capitalista y que una economía que crece es una economía que no iguala. Pero España logra crecer a ritmo imparable reduciendo enormemente su grado de desigualdad, según los datos publicados este lunes por el INE, y la desigualdad se ha demostrado como una carcoma del bienestar que alimenta los populismos de extrema derecha. No obstante, pese a la mejora general, algunas bolsas de desigualdad se resisten a disolverse, principalmente localizadas en la parte central de Madrid y puntualmente también en algún punto de Barcelona y en zonas costeras con desarrollos urbanísticos que han atraído a familias de rentas muy altas donde había población local: Benidorm; Marbella o Alicante.

Madrid, tanto la comunidad como la ciudad, tienen unos indicadores de desigualdad muy por encima de la media de España y también una de las rentas medias más altas. Con los últimos datos publicados, en 2024 la autonomía tendría un Gini —esto es, el indicador de desigualdad que mide la distribución de la renta en un país, siendo con un número cercano a 0 un reparto perfecto y a 100 el desequilibrio total—, del 35% frente al 31,9% de la media de España. Aunque Madrid ha moderado su desequilibrio desde los máximos históricos de 2015 donde estaba en un 37,4%, lo ha hecho a un ritmo muy moderado, apenas 2,4 puntos porcentuales. Otras provincias como Sevilla o Tenerife, que partían de porcentajes muy altos, similares al de Madrid, han recortado su desigualdad más del doble.

En la mayoría de las grandes ciudades la desigualdad ha caído con claridad desde 2015: más de cuatro puntos en Málaga, Palma o Las Palmas. Madrid es la excepción. “Es la gran ciudad más desigual de España y la que menos ha reducido su desigualdad. Es también una de las pocas donde la distancia entre barrios ricos y pobres ha aumentado: en 2024, la renta de sus barrios más ricos creció un 8%, frente al 6,7% de los más pobres”, dice Mónica Martínez-Bravo, profesora del CEMFI. El 36% de las secciones censales e Madrid están en el decil más rico de España.

Dentro de Madrid hay otro Madrid con cifras disparadas de desigualdad extrema. Numerosas secciones censales (el desglose urbano más granular) de la almendra central de la ciudad llevan una década en el límite máximo de la desigualdad. Destacan los barrios de Chamberí y Chamartín (en el tope del indicador, 44,8), donde conviven vecinos con altísimas rentas con residentes locales de otra época, que todavía permanecen en estos distritos. Y eso que el indicador está topado en ese umbral, 44,8%, porque algunos vecinos tienen fortunas tan disparatadas que distorsionarían en exceso el indicador.

La zona norte de la ciudad de Madrid destaca por su alta desigualdad y el geógrafo Ricardo Méndez recuerda que “suelen coincidir con las salidas de los ejes de las carreteras, que estaban ocupadas por los núcleos de extrarradio con pisos baratos”. Esta mezcla es acusada en distritos como Chamartín o Salamanca, con zonas muy distintivas en Prosperidad y Guindalera. Aunque los nuevos vecinos compran una vivienda por las nubes, aún quedan personas mayores, de renta antigua o herencias con otro perfil de ingresos que no casa con el valor del suelo que habitan.

Una baja desigualdad no quiere decir alta renta. En la periferia del sur de Madrid la renta es mucho menor pero también el vecindario es más uniforme. “Las PAU [las siglas de Programa de Actuación Urbanística, como se conoce a los nuevos barrios] son totalmente homogéneos porque el asentamiento se hace al mismo tiempo”, dice Álvaro Ardura profesor de urbanismo de la Escuela de arquitectura de Madrid en la UPM. Ardura también recuerda que en Chamberí y otras zonas de Centro quedan vestigios de las viviendas de mala calidad que se construyeron a principios del siglo XX con la presión de los constructores por ganar edificabilidad (ganando profundidad y construyendo las llamadas corralas). Aunque el metro cuadrado en esos barrios se haya disparado, esas viviendas no casan con vecinos de rentas elevadas.

El desarrollo urbano a trompicones, con urbanizaciones de lujo y atracción de extranjeros con rentas elevadas, explica gran parte de los grandes polos de desigualdad a lo largo de la costa. Méndez dice que se segregan de alguna forma los vecinos, que tienen vidas paralelas que en pocas ocasiones se cruzan. Lo mismo sucede en las islas, especialmente en Ibiza y Formentera, con tasas de desigualdad muy altas que no ceden en el tiempo. Estos indicadores de desigualdad muestran también grados de turistificación o gentrificación. Los nuevos habitantes ricos van ocupando el espacio de los vecinos tradicionales, con el encarecimiento de la vivienda y de algunos servicios. A esto se suman los trabajadores del sector servicios que atienden las nuevas necesidades de las rentas altas.

Pero estas bolsas de desigualdad no explican todo el relato de la mejoría de España en el último lustro. España ha logrado una reducción desde 2017 “porque ha crecido sobre todo por el empleo, con subidas del salario mínimo y revalorización de pensiones”. dice Martínez-Bravo. Habitualmente la concentración de riqueza alrededor del capital es la que dinamiza más el crecimiento del PIB (no necesariamente la prosperidad) y por eso es difícil reducir la desigualdad con altas tasas de expansión como las que ha tenido España en los últimos años.

Con todo, la economista pide no lanzar las campanas al vuelo. “2024 es una señal de alerta. Los ingresos de los ciudadanos suben un 6%, y aun así la desigualdad apenas baja dos décimas... Cuando el crecimiento llega por las rentas del capital y no por los salarios, la mejora se frena”, advierte.

Para Ricardo Molero, profesor de Economía de la UAM, la reducción de la desigualdad que se ha producido es “significativa” hasta el punto de llevar al conjunto del país a mínimos históricos y los datos publicados este lunes muestran una mejora general en la distribución de la renta. Pero el economista recuerda igualmente que “España todavía tiene camino por recorrer para alcanzar a las economías europeas más igualitarias”, y recalca que persisten divergencias territoriales “muy marcadas, entre norte y sur del país y entre costa e interior, además de entre las zonas urbanas y las rurales”.

En este sentido, “los datos del INE muestran diferencias muy persistentes”, sintetiza Clara Martínez-Toledano, profesora de economía financiera del Imperial College en Londres. “El País Vasco y Navarra concentran una proporción elevada de municipios de renta alta, mientras que Andalucía y Murcia presentan una concentración importante de municipios de renta baja. Pero es fundamental distinguir entre desigualdad entre territorios y desigualdad dentro de cada territorio. Una región puede tener una renta media elevada y, al mismo tiempo, presentar diferencias muy importantes entre sus habitantes”, agrega.

Destacan también las capitales de provincia de la España vaciada, Galicia y las zonas rurales del norte por unos índices de desigualdad especialmente bajos.
 
Claro, en Barcelona los pobres son cada vez menos pobres... a no... que la gran mayoría ya eran pobres...
 
En Asturias cada vez se reduce más la brecha entre ricos y pobres.

El mejor ejemplo es ALSA. Tenía la sede central en Oviedo, y por lo tanto los departamentos de marketing, de informática, RRHH, etc.

Con las leyes del principado, los dueños de Alsa decidieron llevar la sede a Madrid, dejando en Oviedo cuatro cosas. Ahora las empresas de marketing o de informática que eran proveedoras asturianas han sido sustituidas por empresas madrileñas.

Y así con todo. La salida de los ricos tiene como consecuencia que se van pero se llevan con ellos la prosperidad.

Y eso suponiendo que esas estadísticas sean ciertas. Recuerdo perfectamente a los miles de niños que se morían de hambre en Madrid pero en cuanto Carmena fue elegida alcaldesa esos niños dejaron mágicamente de existir.
 

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