Emigrar, desregular o autoconstruir: el menú de soluciones
La crisis de vivienda ya no se combate con políticas: se combate con fugas. Entre las propuestas que circulan en los análisis económicos más descreídos, emigrar a otro país se presenta como la única solución 100% eficaz. Pero no es la única receta sobre la mesa: liberalizar el suelo a tope, despenalizar la autoconstrucción e incluso volver al espíritu del programa de vivienda de Arrese aparecen como alternativas con distinto grado de radicalidad.
Las recetas de choque: del suelo libre al hazlo tú mismo
La idea de liberar toda la construcción y el suelo suena simple: más oferta, mejores precios. Algunos llegan más lejos y proponen que cualquiera pueda construir su casa sin autorizaciones ni constructoras, una vuelta a la autoconstrucción que hoy es legal en pocos sitios. La referencia histórica al plan de los dos millones de viviendas de los años cincuenta, con un Código Técnico mucho más laxo, se usa para argumentar que la burocracia actual es un freno, no una garantía.
El límite político
El escepticismo aparece al confrontar estas recetas con la política. Hay quien sostiene que eliminar la política de la ecuación urbana es directamente imposible, porque los intereses creados la atraviesan. Otros van más allá: la política, como herramienta, estaría agotada en España, y por eso no se arregla votando. En el extremo, una corriente apuesta por el colapso del Estado y la reorganización en núcleos locales con gremios y producción de proximidad, una especie de neo-medievalismo tecnológico.
La paradoja es que ninguna de estas vías tiene recorrido inmediato. Si la oferta sigue bloqueada, las soluciones individuales crecerán: emigración cualificada, autoconstrucción en el límite legal, quizá una presión social que fuerce cambios. El colapso como predicción tiene algo de profecía autocumplida; como solución, parece una rendición.