A los 50 uno ya se siente viejo, fundamentalmente por la vista cansada, en mi caso al menos, ya no enfoco nada a menos de 50 cm, y eso es como un puro recordatorio diario de que ya no funcionas igual. Un casquete de rodillas te deja luego un rato suspirando acariciándote las rótulas, hay comidas a las que de repente te vuelves intolerante, a mi ahora unas simples galletas María me dan acidez. La vejez se nota y el que diga lo contrario miente como un bellaco.
Pero, que delicia. Poder tener 50 así, con los deberes hechos, sin deudas, con pequeños proyectos, pequeña familia propia… no volvería atrás, que pereza me daría ser joven, ahora que me da igual todo, que pereza volver a vivir pendiente de lo que piensen los demás; los 50 te curan de eso.
El que con 50 quiera hacer vida de 30 es porque no ha hecho las cosas como debería.