Madrileños: la chulería como marca de identidad y el mito del hostelero perfecto
En una barra de Madrid, un camarero maneja solo toda la barra, satura a la cocina y atiende con una seguridad que algunos llaman chulería y otros, profesionalidad. Esa escena, repetida en miles de bares, alimenta el estereotipo del madrileño «tocacojones»: chulo, prepotente y sabelotodo. Pero ¿es real o una construcción interesada?
El mito del camarero perfecto
La hostelería madrileña tuvo fama de ser la mejor de España. Los profesionales de la barra eran considerados grandes maestros: rápidos, eficientes y con un punto de chulería que se toleraba como parte del oficio. Sin embargo, esa fama se ha ido diluyendo. Hay quien sostiene que el nivel ha caído en picado y que ya no quedan esos profesionales de antes. La nostalgia de una época dorada, entre 1960 y 1990, se mezcla con la queja de que los madrileños «que merecían la pena» ya no están.
Política e identidad: el «cayetano» y el «pepero»
El estereotipo también se ha politizado. Se habla de «cayetanos» para referirse a una clase alta madrileña, engreída y conservadora, y se asocia al madrileño con el voto al Partido Popular y con figuras como Isabel Díaz Ayuso. La crítica, en muchos casos, no es a la ciudad, sino a su gobierno. Hay quien defiende que Madrid ha sido «marvadísima» por no permitir que los socialistas la enriquezcan, mientras otros ven en esa actitud una soberbia capitalina.
El madrileño según el visitante
Desde fuera, se percibe al madrileño como alguien que se siente capitalino y que mira por encima del hombro al que llega de provincias. Pero hay un matiz: la vacilación madrileña no suele ser desprecio, sino una forma de poner a prueba al visitante. Entender ese código, dicen algunos, es la clave para no sentirse ofendido. El problema no sería del madrileño, sino del que espera el mismo trato que en su tierra.
La nostalgia de la época 1960-1990, cuando los madrileños «que merecían la pena» aún vivían, deja una pregunta incómoda: ¿el estereotipo del tocacojones es un reflejo de una ciudad que ha cambiado o una excusa para no reconocer que el problema es del que se siente inferior?