El plástico de Carrefour que llevaba más tinta que bolsa
En 2006, Carrefour regalaba bolsas de plástico con la cara de Susana Griso impresa a todo color. El resultado: una bolsa donde la tinta pesaba casi tanto como el plástico, con un chorreo de impresión que apenas dejaba ver el material. Dos décadas después, mientras pagamos 0,10€ por cada bolsa y nos sentimos ecológicos, la pregunta incómoda es: ¿cuánta huella de carbono dejó aquella campaña publicitaria?
Más tinta que plástico: el espejismo ecológico
La imagen, rescatada recientemente, muestra una bolsa de plástico común pero con una capa de tinta tan densa que la hace casi opaca. El usuario que la encontró señala que “la impresión chorrea tinta” y que la bolsa tiene “más tinta que bolsa”. En un momento en que el discurso ambiental demonizaba el plástico, nadie reparó en que la fabricación de esa tinta y su proceso de impresión podían tener un impacto ambiental mayor que la propia bolsa vacía.
La ironía de la bolsa gratuita
Entonces las bolsas se regalaban. Ahora se cobran y nos sentimos virtuosos. Pero el verdadero coste ambiental de aquella bolsa impresa a toda plancha probablemente superaba con creces el de las bolsas lisas actuales. La huella de carbono de la impresión, los pigmentos, y el despilfarro de material para hacer rentable la publicidad son factores que rara vez se contabilizan en los discursos oficiales.
La paradoja de la sostenibilidad selectiva
La bolsa de Carrefour de 2006 es un símbolo de cómo el ecologismo mediático ha elegido sus batallas. Atacar el plástico es fácil; medir el impacto total de los procesos productivos es otra cosa. Mientras, la imagen de Susana Griso, ahora casada y con su patrimonio vinícola, sigue siendo un recordatorio de que la sostenibilidad también tiene sus contradicciones.
El debate sigue abierto. Pero al menos aquella bolsa, con su exceso de tinta, nos dejó una lección: lo que parece ecológico no siempre lo es, y lo que fue demonizado quizás no era el mayor problema.