nuevo_burbujo
Madmaxista
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Así son los nuevos referentes de la derecha; según este planteamiento, la culpa la tiene cualquiera menos los que han gestionado la llegada de millones de forasteros a España.
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Juan Soto Ivars sostiene en X que los disturbios de Barcelona tienen «una pinta de ataque híbrido de flipar», con cuentas nuevas y un perfil llamado «blocus». Es una sospecha sin pruebas: no identifica país, financiación ni autoría.
Juan Soto Ivars sostiene en X que los disturbios de Barcelona tienen «una pinta de ataque híbrido de flipar», con cuentas nuevas y un perfil llamado «blocus». Es una sospecha sin pruebas: no identifica país, financiación ni autoría.
El escritor Juan Soto Ivars publicó en X que lo ocurrido en Barcelona «tiene una pinta de ataque híbrido de flipar». Su argumento: una convocatoria «a toda mecha» en redes sociales con cuentas nuevas, un perfil llamado «blocus» y, de pronto, «un montón de inmigrantes activados liándola». Termina preguntándose si se sabrá «de qué país extranjero con vodka o con té verde viene». La publicación no aporta pruebas, ni país, ni financiación, ni autoría. Es una hipótesis lanzada en público.
La OTAN describe las amenazas híbridas como acciones coordinadas que combinan presión militar, económica, tecnológica y desinformación, por debajo del umbral de un conflicto armado. Atribuir disturbios callejeros a un Estado extranjero exige algo más que coincidencias en redes: rastros de financiación, cuentas vinculadas, coordinación documentada. Sin eso, la etiqueta funciona como sospecha, no como diagnóstico. Y una sospecha de este tipo, lanzada sin pruebas, tiene consecuencias.
El contexto importa. Las protestas por la vivienda en Barcelona y otras ciudades españolas han derivado en disturbios y saqueos, con detenciones y comercios afectados. La vivienda es un problema económico medible: el precio del alquiler y la escasez de oferta llevan años tensionando las ciudades. Desplazar la explicación hacia un supuesto instigador extranjero evita discutir eso. Y de paso convierte a los manifestantes en instrumentos de otro, no en ciudadanos con un problema.
Que una convocatoria circule por redes no prueba nada: así se organiza hoy cualquier protesta. Que haya cuentas nuevas, tampoco. El salto de «hay cuentas nuevas» a «viene de un país extranjero» no lo cubre ninguna evidencia mostrada. Mientras no aparezca, la afirmación es una opinión con tono de informe. Y las opiniones no pagan alquileres ni explican por qué una ciudad se quema.
Lo de Barcelona tiene una pinta de ataque híbrido de flipar. Convocatoria a toda mecha en RRSS con cuentas nuevas, un perfil llamado "blocus", y de pronto un montón de inmigrantes activados liándola. ¿Se acabará sabiendo de qué país extranjero con vodka o con té verde viene?
— Juan Soto Ivars Ver publicación en X