Mercheros: del desmontaje eléctrico al apretón de manos
Un colectivo nómada de origen centroeuropeo, con apellidos que funcionan como nombres de clan, sostiene que su economía real no pasa por el cobre robado sino por grandes instalaciones y desmontajes eléctricos. La discusión, abierta durante más de año y medio, arranca con una pregunta directa: ¿robas cobre? La respuesta es un no, matizado con un «aunque sí que he vendido algo».
A partir de ahí, el relato se ordena en torno a tres ejes: la actividad económica, la organización familiar y la relación con otros grupos. El autor del mensaje inicial, que se presenta como merchero, asegura tener
10 años cotizados, incluyendo dos de paro, y afirma que la mayoría del colectivo paga autónomos y mantiene negocios propios. La chatarra, dice, sirve más para fabricar que para vender.
¿De qué vive realmente el colectivo merchero?
El núcleo del relato económico es el metal. Frente al estereotipo del robo de cobre, se describe una actividad centrada en
grandes instalaciones y desmontajes eléctricos, donde se obtiene material en volumen y luego se vende. La quincalla —de ahí viene el término quinquillero— aparece como oficio histórico: arreglo de ollas, cazos y utensilios metálicos. El autor insiste en que los mercheros son artesanos, incluido el trabajo del metal, y que muchos tienen negocios propios con alta en autónomos.
La pregunta sobre el dinero en efectivo planea sobre toda la conversación. Se afirma que, por los negocios que mueven,
manejan mucho efectivo y no blanquean, aunque usan negocios propios como hace cualquier otro. La cuestión de si existe un plan ante una eventual eliminación del efectivo queda sin respuesta cerrada.
¿Qué relación tienen con los gitanos y con otros grupos?
La comparación es constante. Se sostiene que ambos son pueblos nómadas, pero con orígenes distintos: los gitanos de origen indio, los mercheros de origen europeo, con una rama salmantina emparentada con los yeniches, de origen suizo. Se afirma que comparten rasgos culturales propios del nomadismo, pero que los mercheros son
más discretos y, según el relato, más peligrosos en caso de disputa territorial.
Sobre la mezcla, la versión dominante es que el cruce con gitanos es escaso y que están más mezclados con españoles. Se reconoce una
endogamia relativa, con uniones entre primos hermanos sobre todo en el pasado, y se explica por la dificultad de encontrar pareja para una vida itinerante. Se menciona que la mayoría de los primos del autor tienen pareja no merchera.
¿Cómo se organiza la familia y qué papel juega la mujer?
La estructura es de clan. Se describe como una familia cerrada, con apellidos únicos que funcionan como nombre de clan, y con una jerarquía práctica: se usa a quien resulta más útil para cada fin. Sobre el trato a parejas externas, se admite un racismo que se define como práctico, no radical: con españoles se dialoga y se llega a acuerdos, mientras que con otros grupos el trato puede ser más duro. La frase, tal como aparece, es explícita y el artículo la recoge como lo que es: una declaración del propio autor, no un dato verificado.
En el terreno de las costumbres, se afirma que las drogas duras se han castigado dentro de la familia con dureza, que el consumo se limita a alcohol en fiestas y que las relaciones de pareja tienden a ser estables. El autor dice tener pareja desde los 18 años, no merchera, adaptada al entorno familiar.
¿Hay apellidos, bandera o representación oficial?
Sobre la existencia de apellidos típicamente mercheros, la respuesta es afirmativa: muchos apellidos son únicos y proceden de nombres de clan convertidos en apellido con el tiempo. Sobre símbolos, se menciona alguna bandera con una rueda de carro y algunas asociaciones, pero nada oficial. La autodefinición es la de una
sociedad discreta y descuidada con la representación pública.
La jerga merece un apartado propio. Se explica que existe adaptación del calé, pero lo más característico es la invención de palabras propias que acaban formando una jerga de clan. Se cita «julay» como término extendido para referirse a la Guardia Civil.
El episodio de la heroína y las cloacas del Estado
Uno de los mensajes más citados sostiene que los mercheros han controlado durante años ciertas cloacas del Estado y que la heroína entró en España con el visto bueno estatal, usándolos como distribuidores y, a su vez, a los gitanos como escalón siguiente. Es una afirmación grave, sin prueba alguna en el material, y así se recoge: como una tesis lanzada por el propio autor, no como un hecho establecido.
El cierre del relato personal es menos épico. El autor reconoce haber tenido mala vida y haberse reconducido años atrás. En su barrio actual, dice, nadie sabe que es merchero. Y remata: se quitó el pañal pronto, pero sigue mandando a la madre de alguien a cierto lugar de vez en cuando. El dato que descoloca no es el apretón de manos: es que
10 años cotizados y una vida discreta caben en el mismo relato que el control de cloacas estatales.