El m-base de Steve Coleman: la conspiración del jazz intelectual
La colaboración entre Steve Coleman y Cassandra Wilson es un capítulo curioso de la historia del jazz. Wilson, que empezó cantando en los proyectos del saxofonista, acabó yéndose al soul comercial. Mientras, Coleman siguió con su movimiento m-base, una propuesta que algunos consideran ciencia exacta y otros, puro humo intelectual.
El m-base: ¿ciencia o postureo?
El m-base, según los críticos, es un intento de hacer que el jazz parezca una ciencia exacta, con estructuras extemporizadas y jerga matemática. Pero hay quien sostiene que es un chiringuito para vender discos a un público hipster y subvencionado. La discusión se enciende cuando se mencionan discos como Synovial Joints o Morphogenesis, y se compara a Coleman con Henry Threadgill, otro músico con más miga rítmica.
La cultura de cartón piedra
La ironía llega con la referencia a Blade Runner y el expresionismo alemán: saber que la película de Ridley Scott bebe de Fritz Lang no te quita de palurdo, solo te da lustre para concursos de trivial. Y en el fondo, la cultura de cartón piedra es un chiringuito para distraer mientras otros se reparten el guano. Como en Scarlet Street, el pobre hombre idealiza a la chica y se busca la ruina. En este caso, la ruina es creerse el cuento del m-base.
La pregunta queda en el aire: ¿es el m-base un enigma cósmico o un canto a la cabra? Con 37 escuchas de un disco, uno puede creerse que hay un mensaje oculto, pero quizás solo hay postureo.