Strongman gordaco: ¿cardio de verdad o pura testosterona?
La escena se repite en cada gimnasio del país: un hombre corpulento, barba cerrada, arrastrando o cargando objetos que harían sudar a una grúa. Al fondo, alguien pregunta con sorna: «¿eso es cardio?». La pregunta no es retórica: la polémica sobre la idoneidad del strongman como entrenamiento cardiovascular está más viva que nunca.
¿HIIT o infarto?
Lo cierto es que la actividad tiene poco de aerobic. Trasladar pesos durante intervalos cortos, con descansos incompletos, encaja mejor con la definición de HIIT que con el cardio clásico de cinta. Los defensores argumentan que el esfuerzo máximo eleva la frecuencia cardiaca hasta la zona anaeróbica y mejora la capacidad aeróbica a largo plazo, algo que respalda la evidencia sobre el entrenamiento interválico de alta intensidad.
Los críticos, sin embargo, no lo tienen tan claro. Sostienen que la falta de progresión aeróbica y el riesgo de picos de tensión convierten esta práctica en una bomba de relojería. «Algún día le va a reventar una vena», advierten, mientras recuerdan que nuestras madres que llevaban las bolsas del mercado tenían más pelo y menos barba, y no por ello se les consideraba deportistas.
El running, delito según las leyes del salvaje Oeste
El trasfondo cultural también da que pensar. Como recordaba un corredor de fondo citando Regreso al futuro III, la idea de correr «por diversión» es un invento moderno. En el siglo XIX, correr sin motivo era síntoma de locura. Ahora, en cambio, pagamos por hacerlo. Con semejante contraste, al strongman gordaco quizá no le falte razón: mejor cargar que correr. Eso sí, con una vena a punto de estallar.