¿Perder amigos da felicidad? La respuesta incómoda
¿Se puede ser feliz habiendo perdido el contacto con prácticamente todo el mundo? A juzgar por la experiencia de quienes han cortado lazos, la respuesta es un sí rotundo. El alivio no es una anécdota, es una corriente silenciosa que recorre conversaciones privadas.
Quien pasó años en el ejército asegura que el día que lo dejó fue el más feliz de su vida, y lo aplica a las relaciones personales. Otros han tenido que sacrificar amistades valiosas para centrarse en sí mismos. La lógica es simple: si una relación genera problemas, mejor desaparecer.
El argumento más duro es el de la inutilidad del conflicto. Las personas conflictivas no cambian, y escalar la guerra solo conduce a derrotas. Por eso, la solución pasa por perder de vista o, como matiz, dar información falsa para que no sepan nada importante de tu vida. Es una forma de protección, aunque suene a cinismo.
Desde mayo, hay quien asegura gozar de una paz que antes no conocía. No es un caso aislado.
Quizá la paz no esté en ganar la partida, sino en abandonarla. La cuestión es si esa libertad deja de ser tal cuando ya no queda nadie a quien llamar.