Terremoto en Venezuela vs DANA en Valencia: la doble cara de la solidaridad española
Cuando un terremoto sacude Venezuela, los españoles se movilizan casi a la carrera. Cuando una DANA arrasa Valencia, la respuesta parece más tibia. O al menos, esa es la percepción que ha desatado un debate incómodo sobre el carácter nacional: ¿somos más solidarios con el problema lejano que con el vecino?
El «buenismo» remoto frente a la gestión local
Una corriente de opinión sostiene que al español le atrae el drama lejano porque permite ejercer el «buenismo» sin rendir cuentas: basta con un gesto simbólico o una donación puntual. En cambio, el desastre cercano exige soluciones evaluables, plazos y responsabilidades –algo que, se argumenta, «cansa mucho». Las inundaciones de Valencia no son un problema nuevo; se repiten desde hace décadas y las administraciones –de todos los colores– han sido incapaces de tomar medidas estructurales. Por eso, según esta visión, la indignación se dirige hacia dentro, hacia la clase política, pero también hacia una ciudadanía que «vota y consiente».
La respuesta ciudadana en la DANA: otra lectura
Frente a esa tesis, otra lectura recuerda que durante la DANA los españoles se volcaron desde el minuto uno. Miles de voluntarios, vecinos ayudando a vecinos, incluso personas de otras comunidades autónomas se desplazaron a Valencia. «Se podrán decir muchas cosas malas del pueblo español, pero la DANA no fue un ejemplo de falta de solidaridad», resumen algunos. El problema, insisten, fue político: la falta de coordinación entre gobiernos, la tardanza en declarar zonas catastróficas o la negativa a aceptar ayuda inicial. «La mezquindad fue institucional, no ciudadana», concluyen.
Un debate que deja más preguntas que respuestas
El cruce de datos y experiencias muestra que no hay una única «solidaridad española». Existe la espontánea, la que se organiza en redes y barrios, y existe la ausencia de prevención y respuesta eficaz desde las instituciones. Que un mismo país reaccione con rapidez a un terremoto en el extranjero y con lentitud a inundaciones propias puede deberse tanto al talante de su gente como a la calidad de su gobernanza. ¿Dónde está el límite entre la responsabilidad ciudadana y la política? El debate sigue abierto.