Del derrumbe del bitcoin del 50% a la subida
El 3 de noviembre, con el bitcoin cotizando en 34.900 dólares, empezó a circular una alerta que prometía sangre. Una llamada de supuestas fuentes de «alta intendencia» avisaba de un evento programado que hundiría a la principal criptomoneda al menos un
50% en menos de 30 días. El mensaje recomendaba vender al galope y guardarse los «centimillos» para «doritos y cocacolas». Han transcurrido ochenta y tantos días desde entonces. El desplome anunciado nunca llegó. Lo que llegó fue un rally.
Qué anunciaba exactamente la alerta
El relato era preciso en la forma y opaco en el fondo. Un «evento» derrumbaría el precio, después de que el intento de subir a las «gacelas» a un «falso bull run» no terminara de funcionar. La secuencia prevista era explícita: coger beneficios, hundir el precio, recargar y esperar nuevas oportunidades para volver a subir y capturar más beneficios. La excusa del evento nunca se desveló. La identidad de la fuente, tampoco.
El aviso pedía moverse rápido y no escatimar velocidad:
ir al galope y no al trote. Presumía además de información privilegiada frente a quienes no tienen «fuentes de tan elevada posición». El problema es que nadie en el hilo supo identificar esa categoría, lo que dio pie a la réplica más repetida: ¿es una rama de la empresa de Mortadelo y Filemón?
Los precios que desmienten el derrumbe
La cronología es implacable. En la fecha de la alerta, el bitcoin cotizaba a
34.900 dólares. Treinta días después, el dato que se maneja en el hilo era de 40.000. En enero marcaba 38.880. Más adelante se citaron 41.958 dólares, después 47.600 y los foreros llegaron a mencionar los 50.000. La caída del 50% prometida quedó, en el mejor de los casos, aplazada.
Esa secuencia dio pie al resumen más repetido:
un derrumbe hacia arriba. Quien vendió al galope, como pedía la alerta, se quedó fuera del movimiento. Y el contraste entre lo anunciado y lo sucedido quedó condensado en un detalle: pasados ochenta y tantos días desde el aviso, la referencia era de 39.850 dólares, lejos del suelo catastrófico prometido.
El pronóstico que se revisa a la baja sin descanso
Ni la subida desactivó el marco mental. La tesis se reajustaba sobre la marcha: que si el precio debería estar en 10.000, que si el crecimiento está manipulado, que si los fondos venden pero dosifican el ritmo para no hundirlo todo de golpe. La liquidez, venían a decir, solo había servido para que esos fondos vendieran.
El cálculo de compra también se movió. Donde antes se hablaba de entrar con todo a 16.000, la versión revisada admitía que por debajo de 10.000 sí, y que conforme bajara de esa cota entraría más. De propina, la preferencia se desplazaba hacia monedas menores con el argumento de que, en una subida fuerte del bitcoin, subirían todavía más.
Ninguno de esos niveles se vio.
¿Por qué se citó el halving y la llegada de los ETF?
Frente a la versión conspirativa, el argumento más técnico apuntaba al ciclo. La corrección es natural, el crecimiento consolidado llegaría después del halving y con él la entrada de liquidez de los fondos una vez consumada la aprobación de los ETF. Ese era el guion que la alerta no contemplaba.
La propuesta alternativa era menos épica y más aburrida: aportaciones periódicas repartidas entre bitcoin, ethereum, ripple y litecoin en proporciones del 40, 30, 20 y 10. Un plan a 10-15 años que, según sus defensores, ningún fondo de inversión replica, y que convive mal con los avisos de debacle en 30 días. También hubo quien recordó que las subidas suelen arrancar con los rumores y que es al confirmarse cuando unos venden y otros acumulan.
El negocio del rumor y la fila de incautos
Una parte del análisis fue más allá del pronóstico concreto y apuntó al ecosistema que lo hace posible. La tesis que sostienen los más críticos en el hilo es que buena parte del dinero minorista entra por grupos cerrados donde alguien compra antes, avisa después a quienes empujan el precio y vende cuando la ola ya está llena. Sin excepciones, según esa versión, con el resultado habitual: el que avisa se forra y el que sigue el aviso se queda con el paquete.
La ironía es que este caso encaja casi al milímetro con ese patrón, solo que al revés. El aviso no empujó a comprar, empujó a vender. Y el precio hizo lo contrario de lo que decía el guion.
La teoría del indicador inverso
La conclusión más citada tiene poco de análisis técnico y mucho de refranero: hacer lo contrario. Si la alerta dice que todo se derrumba, comprar. Si dice que es buen momento, vender. La broma acabó convertida en método, con nombre propio y una precisión que sus autores presentan medio en serio.
No era la primera vez. Como recuerda un forero, el mismo autor había pronosticado antes que Sánchez no se presentaría a la presidencia, y se presentó. Otras alertas previas hablaban de una guerra nuclear y de elecciones en enero. Ninguna se materializó. La fama, en este terreno, se construye igual que se destruye: a base de contrastar con los datos.
El postre fue la confesión de alguien que se puso corto y apalancado siguiendo el pronóstico. Aprendió, dijo, lo que es la ruina. Para entonces la referencia era de 41.958 dólares y la pregunta, medio en broma, miraba a marzo y a un short que nadie volvió a ver.
Con el bitcoin en torno a los 47.600 dólares y los foreros mencionando ya los 50.000, el único evento programado que se cumplió fue la subida.