Baby boomers, los faraones de la pirámide del bienestar
¿Es el estado de bienestar europeo un esquema piramidal con los baby boomers de faraones? Lo dice The Economist, y la metáfora ha sentado como un puñetazo en la mesa. El artículo, publicado el 28 de mayo de 2026 bajo el título «How the boomers screwed Europe», sostiene que la generación del rock and roll le está dejando la factura a sus pocos hijos. La pregunta incómoda es si España es una excepción o el siguiente capítulo de la misma pirámide.
El baby boom español no es el anglosajón
La primera trampa del debate es demográfica. El baby boom británico y estadounidense va de 1946 a 1964, pero el español es otra historia: va de 1957 a 1977, con veinte años seguidos por encima de 650.000 nacimientos anuales y una media de unos 668.000. En total, catorce millones de nacimientos. Quien hoy tiene 50 años nació en 1976 y, aunque muchos se empeñen en llamarle generación X, es baby boomer español. Ese matiz cambia el diagnóstico: aquí no hubo una generación que llegó antes, sino una que llegó más tarde y más numerosa.
Las pensiones que se cotizan y las que se cobran
Los números que circulan son demoledores. Si los pensionistas cobraran estrictamente lo cotizado, los nacidos entre 1935 y 1945 tendrían pensiones de 150 euros; los de los cincuenta, 350; los de los sesenta, 650. Si ese dinero se hubiese invertido, como en los sistemas de capitalización, las cifras se multiplicarían por 1,5 o por 2. Frente a eso, la tasa de reposición bruta española llega al 80,4% para salarios bajos y medios, de las más generosas del planeta. Hay quien responde que esos mismos pensionistas se jubilaron con 60 o 61 años de media —los nacidos en los cuarenta—, una ventaja que ya no volverá a repetirse.
El voto que sostiene la pirámide
La razón de que ninguna reforma prospere tampoco es un misterio: los jubilados votan, y votan en bloque. Hasta que su peso electoral no baje de un umbral manejable, cualquier ajuste del sistema es políticamente suicida. Con la deuda pública al acecho y tipos a largo plazo escalando, las propuestas van desde recortar pensiones por ingresos de alquiler hasta retirar el derecho a voto a los jubilados. Todas se estrellan contra la misma realidad: en una democracia, los faraones también deciden quién reparte la piedra.
La pirámide se sostiene mientras los esclavos sigan pagando y los faraones votando. El problema es que los esclavos son cada vez menos, y los faraones, cada vez más longevos. El esquema piramidal, en fin, sigue en pie. La pregunta es si queda alguien debajo.