Therians en el metro de Madrid: ¿identidad de especie o performance viral?
Una joven que se identifica como perra, con auriculares y a cuatro patas, ha sido grabada en el metro de Madrid. Las imágenes circulan como pólvora en redes sociales y reavivan el debate sobre los límites del activismo therian. El vídeo, que ya supera el millón de visualizaciones, muestra a la protagonista caminando a gatas, ladrando y moviendo la cola (postiza) entre vagones atónitos. La reacción mayoritaria en redes oscila entre la burla y la indignación.
¿Qué es un therian y por qué ahora salen en el metro?
La subcultura therian agrupa a personas que se identifican psicológicamente con una especie animal no humana. No es un trastorno psiquiátrico reconocido, sino una identidad no normativa que ha encontrado en TikTok y YouTube su altavoz. Madrid no es un caso aislado: incidentes similares se han registrado en Londres y Berlín. La diferencia es que aquí, las imágenes han sido grabadas por un vagabundo y subidas a un foro de actualidad, generando un coro de críticas y chistes fáciles.
Entre la libertad de expresión y la controversia pública
Mientras algunos defienden la libre expresión de género y especie, otros señalan que escenificar una identidad animal en un espacio público como el metro puede incomodar a los usuarios. La joven, que lleva pantalones y auriculares, ha sido objeto de comentarios sexistas y descalificaciones. Un sector argumenta que si te crees perro, debes asumir las consecuencias – incluyendo que otros perros te monten en celo, ironía que ya circula por los foros. La Policía Municipal de Madrid no ha confirmado si ha recibido denuncias.
El papel de las redes en la viralización
La fórmula es conocida: buscas a una amiga, le pides que haga el ridículo en público, grabas y subes. El vídeo original, que parece haber sido publicado primero en Twitter, fue después compartido en foros como Burbuja.info con comentarios que mezclan humor grueso y misoginia. La creadora de contenido no ha hecho declaraciones, pero su identidad ya es conocida en algunos círculos. El suceso abre preguntas sobre hasta dónde llega el espectáculo en busca de fama efímera.
El caso madrileño, más allá de la anécdota, refleja la tensión entre la autopercepción identitaria y la convivencia en espacios públicos. Mientras los expertos callan, Internet ya tiene su veredicto. Por ahora, el metro sigue funcionando. Y los perros, a cuatro patas o erguidos, siguen ladrando.
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