La soledad masculina no elige orientación sexual
Miles de hombres jóvenes en España se sienten excluidos del mercado del ligue. La calvicie, el paro o no tener casa propia bastan para ser descartado de entrada. Un comentario recurrente entre quienes se identifican como incels es que las mujeres aplican filtros implacables basados en la apariencia y la posición social. Pero el espejo gay tampoco es amable: también allí se juzga por el físico, aunque con matices.
En el ecosistema de las citas, la crueldad no es patrimonio de un solo género. Las apps y la socialización líquida han creado dinámicas donde el valor de una persona se mide en décimas de segundo. Sin embargo, mientras unos sostienen que el mercado hetero es el más duro –“las mujeres te sentencian a muerte por la imagen”–, otros señalan que en el ambiente gay la promiscuidad es norma y las relaciones estables son una quimera.
La paradoja del hombre gay feo
Si el heterosexual calvo o bajo lleva las de perder, el gay con esos mismos atributos tampoco lo tiene fácil. Los testimonios recogidos apuntan a que en el mundo homosexual la presión estética es brutal, pero la diferencia está en que no te borran del mapa: siempre hay un nicho o alguien dispuesto a mirar más allá. “Te juzgan por el aspecto, pero no te sentencian a muerte”, se argumenta. ¿Es entonces el mercado hetero más despiadado?
La salida geográfica: hacia el sur global
El dato que emerge es la derivada económica de este descontento. Hombres que se sienten excluidos en España plantean estrategias de repliegue: gimnasio, herencia y viaje a países donde su perfil (ojos claros, origen europeo) cotiza al alza. Se habla de Tailandia, de mujeres latinas –a las que se atribuye mayor disposición a la relación estable– y de un cálculo explícito de rentabilidad afectiva. La globalización del amor tiene su lado oscuro: la mercantilización de las personas.
Sin foros femeninos equivalentes
Un elemento que llama la atención es la afirmación de que no existen espacios de queja similares creados por mujeres o por gays. Si existen foros masculinos donde se analiza la dureza del mercado del ligue, no se encuentran con la misma densidad en el lado femenino. ¿Significa esto que ellas tienen menos problemas? La hipótesis que circula es que el techo de cristal estético golpea más a los hombres que no encajan en el canon, y que ese malestar no encuentra eco colectivo fuera de la masculinidad hetero.
La cuestión queda abierta: si el físico es el nuevo clasificador social y la soledad masculina se cronifica, ¿es la industria del encuentro (apps, gimnasios, turismo sexual) la única respuesta?