India, ¿la mejor situada para dejar atrás el subdesarrollo?
El concepto de “Jugaad” —la capacidad de innovar con recursos mínimos— emerge como un factor diferencial que sitúa a la India por delante de África y Latinoamérica en la carrera por superar el subdesarrollo. Mientras que en muchas regiones africanas y latinoamericanas persiste una dependencia de la ayuda externa o de las transferencias gubernamentales, la cultura india de la improvisación técnica y empresarial ha generado un tejido productivo de talleres y pequeñas industrias que fabrican de todo, desde recambios hasta maquinaria básica.
El factor Jugaad: ingenio frente a dependencia
El Jugaad no es un concepto nuevo, pero su impacto en la industrialización india se ha infravalorado. Mientras que en África y Latinoamérica la informalidad suele asociarse a la precariedad, en la India esa misma informalidad ha demostrado ser un caldo de cultivo para la innovación frugal. Los vídeos de talleres indios fabricando piezas con medios limitados contrastan con la ausencia de un equivalente en otras regiones en desarrollo.
El lastre demográfico
Sin embargo, el optimismo se topa con la demografía. La India mantiene tasas de natalidad elevadas en sus estados más pobres, especialmente en zonas con alta población musulmana, lo que presiona los recursos y frena el crecimiento del PIB per cápita. África subsahariana también afronta un crecimiento poblacional explosivo, mientras que Latinoamérica, con una natalidad más contenida, ya cuenta con países considerados de “segundo mundo”.
La comparación incómoda
Las cifras no mienten: según France24, la India tampoco logra reducir su tasa de fertilidad al ritmo deseado, aunque su PIB total crece. Pero el PIB per cápita sigue por detrás de muchos países latinoamericanos. La pregunta es si el Jugaad puede compensar las brechas demográficas y de infraestructuras que aún lastran al subcontinente.
¿Tiene entonces la India más posibilidades? El debate sigue abierto, pero lo que está claro es que su modelo de industrialización frugal no tiene equivalente en África ni en Latinoamérica. Y eso, en un mundo que premia la eficiencia, podría ser su mejor baza.