Erasmo rechazó venir a España: el «Non placet» que sigue doliendo
El humanista Erasmo de Rotterdam nunca pisó España. Cuando el cardenal Cisneros le invitó a unirse a la Universidad de Alcalá, respondió con un lacónico «Non placet Hispania». La frase, recogida en las crónicas, ha pasado a la historia como un gesto de desprecio hacia la península. Cinco siglos después, el rechazo sigue escociendo.
Irónicamente, el nombre de Erasmo hoy lo llevan millones de estudiantes que cruzan Europa con el programa Erasmus. Como apunta una lectura reciente, «ahora su nombre lo usan los estudiantes como excusa para irse de juerga y follar en otros países». La anécdota transforma la afrenta histórica en una venganza kármica: quien no quiso conocer España termina bautizando precisamente el intercambio que lo obliga a todo lo contrario.
La reacción contemporánea oscila entre la indignación y la guasa. Mientras unos toman el «Non placet» como un desaire personal que justifica un nacionalismo reactivo, otros lo archivan como una curiosidad sin mayor trascendencia. Pero la pervivencia del episodio demuestra que las heridas históricas, por viejas que sean, encuentran eco en las redes y alimentan debates identitarios que no terminan de cerrarse.