La entrevista que nunca existió: así se juega con el candidato en 2026
¿Alguna vez te han citado a una entrevista de trabajo y nadie se ha presentado? No es un caso aislado. Un candidato a cajero-reponedor para una cadena de tiendas de alimentación recibió una llamada con una propuesta: entrevista por Microsoft Teams en 45 minutos. Se conectó cinco minutos antes, esperó media hora y nada. Ocho llamadas después, el teléfono de la reclutadora seguía sin responder.
La escena, descrita con crudeza en un debate económico, retrata una realidad que se repite en el mercado laboral español: procesos de selección improvisados, sin respeto por el tiempo del candidato y con una frialdad que roza el desprecio. El aspirante, que ya había enviado su currículum por InfoJobs, se encontró con que su disponibilidad inmediata no fue suficiente. Ni siquiera recibió una explicación.
El contrato que esconde una trampa: el código 200 y el periodo de prueba
La misma persona relata otra situación que añade más leña al fuego. Lleva tres días trabajando de madrugada, cuatro horas diarias, cubriendo la baja de una compañera con menos de tres meses de antigüedad. Su contrato figura como indefinido parcial con código 200, pero sin especificar el nombre de la persona a la que sustituye. La empresa le indica que es para cubrir una baja, pero que lo hace así por cuestiones de la reforma laboral.
La interpretación del trabajador es clara: antes de que termine el mes de prueba, la empresa le dará un «periodo de prueba no superado» para no consolidar la fijeza. Una práctica que, de confirmarse, convertiría el contrato indefinido en una ficción temporal. El código 200, que en teoría protege al trabajador, se convierte en una herramienta más de la flexibilidad empresarial.
El dilema del salario: 750 euros brutos frente a la «paguita»
El cálculo es demoledor. Media jornada a 20 euros la hora supone unos 750 euros brutos al mes. La pregunta que surge es inevitable: ¿merece la pena trabajar por esa cantidad cuando el subsidio por desempleo puede ser similar? La comparación, que en el debate se plantea sin tapujos, refleja la desmotivación de un sector de la población que ve en el empleo precario menos ventajas que en la prestación.
No es una cuestión de vaguería, sino de racionalidad económica. Si el salario neto apenas supera la ayuda pública, el incentivo para aceptar un puesto con estas condiciones se diluye. La reforma laboral, que pretendía reducir la temporalidad, se topa con la realidad de unos sueldos que no compensan el esfuerzo.
La normalización del desprecio en los procesos de selección
La anécdota de la entrevista fantasma no es un hecho aislado. La falta de respuesta, la desaparición del reclutador y la ausencia total de comunicación son prácticas que se han normalizado en un mercado donde el candidato es un número más. La tecnología, que debería agilizar los procesos, se convierte en una barrera adicional: la videollamada que nunca se celebra, el correo que no se contesta, el teléfono que se apaga.
La conclusión es simple: si no te cogen, no es por tu currículum. Es porque el sistema ya ha decidido que no le interesas. Y eso, en el mercado laboral español, es lo más parecido a un despido sin haber entrado.