Trasladar el cuerpo a Marruecos desde el aeropuerto de Barajas cuesta unos 4.000 euros, frente a los 4.850 euros que puede alcanzar un entierro aqui

Trasladar el cuerpo a Marruecos desde el aeropuerto de Barajas cuesta unos 4.000 euros, frente a los 4.850 euros que puede alcanzar un entierro aqui
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Repatriar un cuerpo a Marruecos desde el aeropuerto de Madrid-Barajas cuesta unos 4.000 euros, frente a los 4.850 que puede alcanzar un entierro musulmán en la Comunidad de Madrid. La diferencia de precio no es la raíz del problema: solo dos de cada mil cementerios españoles están habilitados para inhumaciones conforme al rito islámico.

Leer el resumen completo →

Repatriar un cuerpo a Marruecos desde el aeropuerto de Madrid-Barajas cuesta unos 4.000 euros, frente a los 4.850 que puede alcanzar un entierro musulmán en la Comunidad de Madrid. La diferencia de precio no es la raíz del problema: solo dos de cada mil cementerios españoles están habilitados para inhumaciones conforme al rito islámico.

Intisar tenía 20 años cuando murió en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid el 6 de abril, tras sufrir una parada cardíaca en su casa. Había nacido en España y vivía con su familia en Madrid. Aun así, no pudo ser enterrada allí. Recibió sepultura nueve días después, el 15 de abril, en Marruecos. Su padre, Redwan Karmoun, de 53 años, buscó un lugar donde enterrarla conforme a los preceptos del islam y se topó con la misma respuesta en los dos espacios funerarios para musulmanes de la comunidad: ni en Griñón ni en el Cementerio Sur de Carabanchel había terreno disponible. Insistió en encontrar un sitio dentro de la misma comunidad autónoma. La respuesta, según recuerda, siempre era que no había sitio.

La funeraria le planteó alternativas: un cementerio musulmán de Burgos, donde los restos debían trasladarse pasados 10 años, o uno de Valencia. Descartaron Valencia por el coste. «También tienes que valorar la situación económica», señala Karmoun. La familia optó por la repatriación, que salía más barata que el enterramiento musulmán en Madrid. Trasladar el cuerpo a Marruecos desde el aeropuerto de Barajas cuesta unos 4.000 euros, frente a los 4.850 euros que puede alcanzar un entierro en la región.

El cuerpo de Intisar tardó nueve días en ser enterrado. Permaneció una semana embalsamado en España mientras se completaban los trámites para la repatriación. El traslado obligó a llevarlo primero en avión hasta Casablanca y después por carretera hasta Tetuán. Karmoun recuerda lo difícil que le resultó pasar una semana con su hija «en una nevera», a la espera del traslado. «No se lo deseo a nadie», asegura. «Todo ese ajetreo me dolió mucho más que el hecho de llevarla a Marruecos», reconoce.

Solo dos de cada mil cementerios están habilitados

El informe *Los datos cuentan otra historia*, elaborado por la asociación Entierro Digno, concluye que solo dos de cada mil cementerios en España están habilitados para entierros musulmanes. La entidad ha catalogado 44 espacios funerarios islámicos en todo el país, pero solo 14 cuentan con datos verificables sobre su capacidad. «Estamos hablando de 44 cementerios cuyas capacidades vamos descubriendo a medida que las verificamos. Pero hay otros 8.000 municipios que no tienen un cementerio habilitado, ni siquiera una parcela planificada», explica Maysoun Douas, portavoz de la organización.

La escasez contrasta con el peso de la población musulmana en España, que ronda los 2,5 millones de personas, cerca del 5% del total, según el Observatorio Demográfico CEU CEFAS. La Constitución garantiza en su artículo 16 la libertad religiosa y de culto, y en el 14 la igualdad ante la ley sin discriminación por razón de religión. Las dificultades para encontrar sepultura conforme a los preceptos islámicos ponen de relieve los obstáculos a los que se enfrentan algunas familias. «Ojalá encontremos el momento en que puedan vivir su duelo sin tener que airear su dolor para acceder a un derecho que tendría que estar garantizado por la ley», reclama Douas.

En el rito islámico importa cómo se prepara al fallecido y dónde descansarán sus restos. El ritual comienza con el *ghusl*, un lavado del cuerpo para purificarlo que realizan, por lo general, personas del mismo sexo o el cónyuge. Después se envuelve al fallecido en un sudario blanco, con tres piezas en el caso de los hombres y cinco en el de las mujeres. Tras la oración fúnebre llega la inhumación, que debe permitir que el cuerpo esté en contacto directo con la tierra. El informe de Entierro Digno señala que el entierro sin féretro solo está permitido en cinco comunidades autónomas y en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Según la tradición, el cuerpo debe colocarse sobre el lado derecho, orientado hacia La Meca, la misma orientación que debe seguir la sepultura.

Traslados de 350 kilómetros y féretros que no se pueden evitar

Temir Naziri tuvo que buscar una tumba para su amigo, cuyo nombre prefiere no revelar por respeto a su familia, a más de 350 kilómetros de Madrid, donde residía desde hacía cerca de dos años por motivos laborales. Murió en mayo de este año a causa de una enfermedad grave y, a diferencia de Intisar, pudo ser enterrado al día siguiente en España, en el cementerio musulmán privado Alsalam de Chiva (Valencia). La sepultura y el entierro costaron 3.700 euros, a los que se sumaron otros 2.450 por los servicios funerarios y el traslado del cuerpo desde Madrid. «Conocíamos su deseo de ser enterrado en España y quisimos respetarlo», recuerda Naziri.

La falta de espacio en los cementerios musulmanes de la Comunidad de Madrid y la ausencia de una alternativa con las condiciones que buscaban —sepultura permanente conforme a la tradición y posibilidad de enterrarlo sin féretro— les obligaron a trasladarlo a Valencia. Tampoco allí pudieron cumplir este último deseo: el cuerpo tuvo que ser enterrado en un féretro de madera.

Cuando no hay sepultura disponible, el duelo se convierte en una carrera contra los trámites burocráticos. Javier Moreno, director de operaciones de la funeraria Pazy, explica que los requisitos varían según la comunidad autónoma desde la que se gestiona el traslado y las exigencias del país de destino. En las repatriaciones a Marruecos hay dos particularidades. Primero, hay que acreditar que la persona fallecida no ha muerto a causa de una enfermedad infecciosa, algo que consta en el certificado médico de defunción o puede certificar un médico forense. Además, las familias deben comprobar la identidad del fallecido con documentos, lo que en ocasiones genera problemas si el nombre registrado en España difiere del que figura en los documentos de su país de origen. «Los ciudadanos marroquíes pueden tener nombres distintos registrados en España y en su país de origen. Quienes residen legalmente en el país, con NIE o pasaporte, no siempre aparecen inscritos con el mismo nombre en Marruecos», explica Moreno. A eso se añaden, en algunos casos, traducciones de documentos que retrasan el proceso.

El director de operaciones de Pazy atribuye las esperas para las repatriaciones, que varían mucho —de un par de días hasta dos meses—, a los trámites. «La burocracia en España no nos permite ser todo lo ágiles y rápidos que nos gustaría. Todo lo que depende de las administraciones públicas, cualquier cambio o modificación, requiere mucho más trabajo y es más farragoso», señala. Para solicitar un entierro musulmán en España hay que dirigirse a un cementerio municipal, presentar una solicitud de inhumación y buscar una sepultura que reúna las condiciones exigidas por la tradición islámica. A la falta de cementerios adaptados se le suma, según Moreno, que la mayoría de los que sí lo están «están colapsadísimos».

Pólizas de decesos que cubren todo y nada a la vez

Las pólizas funerarias pretenden anticiparse a las situaciones a las que tendrá que hacer frente el entorno cercano de una persona fallecida. En España están diseñadas de forma tan genérica que no siempre cubren las necesidades específicas de las familias musulmanas. Douas las define como un café para todos, «un sistema único que no ayuda a buscar alternativas para enterrar aquí a una persona o repatriarla, ni a encontrar los servicios necesarios para cumplir con los rituales». Por eso pide una mayor planificación basada en datos transparentes sobre la capacidad de los cementerios y unos servicios públicos diseñados para atender a toda la ciudadanía.

Moreno coincide en que los seguros de decesos no siempre garantizan que las familias puedan acceder a los servicios específicos que necesitan. «Te incluye todo y nada a la vez», asevera. La póliza establece un capital con el que la compañía debe cubrir el servicio cuando se produzca el fallecimiento, pero no garantiza que haya profesionales o instalaciones disponibles para cumplir con los rituales islámicos. Aunque la familia haya pagado durante años, puede encontrarse con que no dispone de los medios necesarios para realizar el lavado ritual del cuerpo o llevarlo a cabo conforme a sus creencias.

Para Moreno, la solución pasa por anticiparse a una realidad que las administraciones públicas no han sabido prever: «Cada vez hay más musulmanes nacidos en España que han vivido aquí toda su vida y que también necesitan recibir sepultura en el país». «Tendrían que haber previsto que hay españoles musulmanes nacidos aquí que van a fallecer aquí y que necesitan recibir sepultura de una manera digna, acorde con sus creencias y su religión».

La demora en enterrar al fallecido afecta directamente al duelo de los allegados. «Lo único que quedaba en mis manos para despedirme de esa persona era dignificar su muerte y honrar su vida con ese proceso, y no he sido capaz de hacerlo. Es un duelo que no sé si llega a cerrarse, porque muchas veces ni siquiera se entiende», asegura Douas. Cualquier decisión sobre un sepelio o una repatriación conviene consultarla con los servicios funerarios y, si hay dudas legales, con un profesional.

Datos clave
  • Repatriar un cuerpo a Marruecos desde Barajas cuesta unos 4.000 euros; un entierro musulmán en la Comunidad de Madrid puede llegar a 4.850 euros.
  • Solo dos de cada mil cementerios en España están habilitados para entierros musulmanes, según el informe de Entierro Digno.
  • Entierro Digno ha catalogado 44 espacios funerarios islámicos en España, pero solo 14 tienen datos verificables sobre su capacidad.
  • En España viven unos 2,5 millones de musulmanes, cerca del 5% de la población, según el Observatorio Demográfico CEU CEFAS.
  • El entierro sin féretro solo está permitido en cinco comunidades autónomas y en Ceuta y Melilla.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Periplo

Madmaxista
Desde
6 Nov 2012
Mensajes
6.373
Fruta
12.416
Lugar
La KloaKa
No solo no hay plazas suficientes, sino que cuando hay que gastar lo hacen fuera... mejor que se queden allí y se ahorren el envío, ¿no?

Nueve días con su hija “en una nevera” y 4.000 euros para la repatriación: el laberinto de los musulmanes para enterrar a sus perecid​

En España viven 2,5 millones de personas que profesan esta fe. La falta de parcelas adecuadas, los costes y unos seguros de decesos genéricos dificultan las inhumaciones conforme a los preceptos islámicos

i
(imagen visible para usuarios registrados)Redwan Karmoun, padre de Intisar, fallecida a los 20 años en Madrid y repatriada a Jovenlandia por falta de espacio en los cementerios musulmanes de la región.INMA FLORES

Intisar tenía 20 años cuando falleció en el Hospital Ramón y Cajal el pasado 6 de abril, tras sufrir una parada cardíaca en su casa. Pese a haber nacido en España y vivir con su familia en Madrid, no pudo ser enterrada allí y recibió sepultura nueve días después, el 15 de abril, en Jovenlandia. Su padre, Redwan Karmoun, de 53 años, intentó encontrar un lugar donde enterrarla conforme a los preceptos del sarracin, pero, según relata, no había terreno disponible en ninguno de los dos espacios funerarios para musulmanes de la comunidad: ni en Griñón ni en el Cementerio Sur de Carabanchel. Karmoun insistió en encontrar un sitio dentro de la misma comunidad autónoma, pero volvió a encontrarse con una negativa. “La respuesta siempre era que no había sitio”, recuerda.

Desde la funeraria le plantearon la posibilidad de enterrarla en un cementerio sarracin de Burgos, donde, según explica, los restos debían trasladarse pasados 10 años, o en otro de Valencia. Karmoun cuenta que descartaron esta última opción por su coste. “También tienes que valorar la situación económica”, señala. Los padres de Intisar optaron finalmente por la repatriación, una opción más barata que el enterramiento sarracin en Madrid. Trasladar el cuerpo a Jovenlandia desde el aeropuerto de Barajas cuesta unos 4.000 euros, frente a los 4.850 euros que puede alcanzar un entierro en la región.

El cuerpo de Intisar tardó nueve días en ser enterrado porque, según Karmoun, permaneció una semana embalsamado en España mientras se completaban los trámites necesarios para su repatriación a Jovenlandia. El traslado obligó a llevarlo primero en avión hasta Casablanca y después por carretera hasta Tetuán. Karmoun recuerda lo difícil que le resultó pasar una semana con su hija “en una nevera”, a la espera del traslado. “No se lo deseo a nadie”, asegura.

(imagen visible para usuarios registrados)Redwan Karmoun, en las instalaciones del concesionario de vehículos de ocasión en el que trabaja, el 16 de octubre en Alcobendas.INMA FLORES
Pero la realidad es que muchas familias se enfrentan a problemas como este. El informe Los datos cuentan otra historia, elaborado por la asociación Entierro Digno, que trabaja para garantizar que las personas musulmanas puedan dar sepultura a sus seres queridos conforme a sus creencias religiosas, concluye que solo dos de cada mil cementerios en España están habilitados para entierros musulmanes.

La entidad ha catalogado 44 espacios funerarios islámicos en todo el país, pero solo 14 cuentan con datos verificables sobre su capacidad. “Estamos hablando de 44 cementerios cuyas capacidades vamos descubriendo a medida que las verificamos. Pero hay otros 8.000 municipios que no tienen un cementerio habilitado, ni siquiera una parcela planificada”, explica Maysoun Douas, portavoz de la organización. La escasez de estos espacios contrasta con el peso de la población musulmana en España, que ronda los 2,5 millones de personas, cerca del 5% del total, según el Observatorio Demográfico CEU CEFAS.

La Constitución española garantiza en su artículo 16 la libertad religiosa y de culto, y en el 14 la igualdad ante la ley sin discriminación por razón de religión. Sin embargo, las dificultades para encontrar un lugar donde recibir sepultura conforme a los preceptos islámicos ponen de relieve los obstáculos a los que se enfrentan algunas familias. “Ojalá encontremos el momento en que puedan vivir su duelo sin tener que airear su dolor para acceder a un derecho que tendría que estar garantizado por la ley”, reclama Douas.

En el rito islámico importa cómo se prepara al fallecido y dónde descansarán sus restos. El ritual comienza con el ghusl, un lavado del cuerpo para purificarlo que realizan, por lo general, personas del mismo sesso o el cónyuge. Después se envuelve al fallecido en un sudario blanco, con tres piezas en el caso de los hombres y cinco en el de las mujeres. Tras la oración fúnebre, llega la inhumación, que debe permitir que el cuerpo esté en contacto directo con la tierra. Pero el informe de Entierro Digno señala que el entierro sin féretro solo está permitido en cinco comunidades autónomas y en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Según la tradición religiondelamor, el cuerpo debe intoxicarse sobre el lado derecho, orientado hacia La Meca, la misma orientación que debe seguir la sepultura.

Temir Nancy tuvo que buscar una tumba para su amigo, cuyo nombre prefiere no revelar por respeto a su familia, a más de 350 kilómetros de Madrid, donde residía desde hacía cerca de dos años por motivos laborales. Murió en mayo de este año a causa de una enfermedad grave y, a diferencia de Intisar, pudo ser enterrado al día siguiente en España, en el cementerio sarracin privado Alsalam de Chiva (Valencia).

(imagen visible para usuarios registrados)Cementerio sarracin de Chiva (Valencia).
Nancy afirma que la sepultura y el entierro costaron 3.700 euros, a los que se sumaron otros 2.450 por los servicios funerarios y el traslado del cuerpo desde Madrid. “Conocíamos su deseo de ser enterrado en España y quisimos respetarlo”, recuerda. Aunque llevaba relativamente poco tiempo viviendo y trabajando en el país, había viajado a España con frecuencia antes de instalarse aquí, ya que se sentía a gusto y había creado un círculo de amistades, explica Nancy.

La falta de espacio en los cementerios musulmanes de la Comunidad de Madrid y la ausencia de una alternativa que ofreciera las condiciones que buscaban —una sepultura permanente conforme a la tradición religiondelamor y la posibilidad de enterrarlo sin féretro— les obligaron a trasladarlo a Valencia. Tampoco allí pudieron cumplir este último deseo, ya que el cuerpo tuvo que ser enterrado en un féretro de madera.

(imagen visible para usuarios registrados)Sepulturas del cementerio sarracin de Griñón.Europa Press News (Europa Press via Getty Images)
Cuando no hay una sepultura disponible, el duelo también se convierte en una carrera contra los trámites burocráticos. Javier Moreno, director de operaciones de la funeraria Pazy, explica que los requisitos administrativos varían según la comunidad autónoma desde la que se gestiona el traslado y las exigencias del país de destino.

En el caso de las repatriaciones a Jovenlandia, Moreno señala dos particularidades. Primero, hay que acreditar que la persona fallecida no ha perecid a causa de una enfermedad infecciosa, algo que consta en el certificado médico de defunción o puede certificar un médico forense. Además, las familias deben comprobar la identidad del fallecido con documentos, lo que, en ocasiones, puede generar problemas si el nombre con el que está registrado en España difiere del que figura en los documentos de su país de origen. “Los ciudadanos ingenieros pueden tener nombres distintos registrados en España y en su país de origen. Quienes residen legalmente en el país, con NIE o pasaporte, no siempre aparecen inscritos con el mismo nombre en Jovenlandia”, explica. A eso hay que añadirle, en algunos casos, el requerimiento de traducciones de documentos, lo que puede retrat el proceso.

El director de operaciones de la empresa de servicios funerarios atribuye las esperas para las repatriaciones, que varían mucho —de un par de días hasta dos meses—, a los trámites. “La burocracia en España no nos permite ser todo lo ágiles y rápidos que nos gustaría. Todo lo que depende de las administraciones públicas, cualquier cambio o modificación, requiere mucho más trabajo y es más farragoso”, señala.

Para solicitar un entierro sarracin en España, hay que dirigirse a un cementerio municipal, presentar una solicitud de inhumación y buscar una sepultura que reúna las condiciones exigidas por la tradición religiondelamor. Pero a la falta de cementerios adaptados para entierros musulmanes se le suma, según Moreno, que la mayoría de los que sí lo están “están colapsadísimos”.

La portavoz de Entierro Digno, Maysoun Douas, explica que la demora en enterrar al fallecido afecta directamente al duelo de los allegados. “Lo único que quedaba en mis manos para despedirme de esa persona era dignificar su gloria y honrar su vida con ese proceso, y no he sido capaz de hacerlo. Es un duelo que no sé si llega a cerrarse, porque muchas veces ni siquiera se entiende”, asegura. Redwan Karmoun, el padre de Intisar, recuerda el dolor que le provocó esa espera: “Todo ese ajetreo me dolió mucho más que el hecho de llevarla a Jovenlandia”, reconoce.

Las pólizas de seguros​

Las pólizas funerarias pretenden anticiparse a las situaciones a las que tendrá que hacer frente el entorno cercano de una persona fallecida. Sin embargo, en España están diseñadas de forma tan genérica que no siempre cubren las necesidades específicas de las familias musulmanas. Maysoun Douas las define como un café para todos, “un sistema único que no ayuda a buscar alternativas para enterrar aquí a una persona o repatriarla, ni a encontrar los servicios necesarios para cumplir con los rituales”. Por eso, pide una mayor planificación basada en datos transparentes sobre la capacidad de los cementerios y unos servicios públicos diseñados para atender a toda la ciudadanía.

Javier Moreno, director de operaciones de Pazy, que ofrece planes funerarios personalizados de precio cerrado, coincide en que los seguros de decesos no siempre garantizan que las familias puedan acceder a los servicios específicos que necesitan. “Te incluye todo y nada a la vez”, asevera. La póliza establece un capital con el que la compañía debe cubrir el servicio cuando se produzca el fallecimiento, pero no garantiza que haya profesionales o instalaciones disponibles para cumplir con los rituales islámicos. Así, aunque la familia haya pagado durante años, puede encontrarse con que no dispone de los medios necesarios para realizar el lavado ritual del cuerpo o llevarlo a cabo conforme a sus creencias.

Para Moreno, la solución pasa por anticiparse a una realidad que las administraciones públicas no han sabido prever: “Cada vez hay más musulmanes nacidos en España que han vivido aquí toda su vida y que también necesitan recibir sepultura en el país”, describe. “Tendrían que haber previsto que hay españoles musulmanes nacidos aquí que van a fallecer aquí y que necesitan recibir sepultura de una manera digna, acorde con sus creencias y su religión”.
 

Estadísticas del foro

Temas
2.062.516
Mensajes
58.535.657
Miembros
191.129
Último miembro
Ins345

El blog de burbuja.info

-
-
Volver