MasZumbidos
Madmaxista
- Desde
- 31 May 2010
- Mensajes
- 1.958
- Fruta
- 3.571
Follow along with the video below to see how to install our site as a web app on your home screen.
Nota: This feature may not be available in some browsers.

Un mensaje en X celebra con sorna una agresión física a Santiago Abascal y se identifica con el independentismo catalán. El episodio ilustra cómo la violencia política se convierte en meme y en termómetro de la polarización.
Un mensaje en X celebra con sorna una agresión física a Santiago Abascal y se identifica con el independentismo catalán. El episodio ilustra cómo la violencia política se convierte en meme y en termómetro de la polarización.
La escena que circula en redes estos días tiene un protagonista claro: Santiago Abascal, presidente de Vox, y un vídeo en el que aparece recibiendo golpes. Sobre esa imagen, un usuario de X escribe: «Hoy soy un poco terradiller después de la somanta de hostias que le ha metido a Abascal». La frase, que mezcla el término terradiller —una referencia al independentismo catalán— con la celebración de una agresión, se ha convertido en el eje de una conversación incómoda.
El contenido del vídeo muestra a Abascal en una situación de forcejeo con varias personas. No hay confirmación oficial sobre el lugar ni la fecha exacta de los hechos, pero la publicación los presenta como una agresión directa al líder de Vox. La reacción del usuario no es una denuncia: es una celebración irónica. Ese giro —convertir un ataque físico en una broma de identidad política— es lo que ha encendido el debate.
La elección del término terradiller no es casual. Se trata de un juego de palabras con «terradillo», una expresión despectiva hacia quienes defienden posturas independentistas, y el sufijo inglés «-er». El usuario se apropia del insulto para reivindicarlo como etiqueta propia. Es un mecanismo habitual en la cultura de internet: desactivar el estigma usando la palabra como bandera.
Más allá del episodio concreto, el caso plantea un problema de fondo. La violencia contra cargos públicos se ha convertido en material viral. Cada agresión genera clics, y cada clic alimenta un modelo de negocio basado en la indignación. Las plataformas no son neutrales en esto: su algoritmo premia lo que genera reacción, y la reacción más rápida es la rabia.
En términos económicos, la polarización tiene un precio. Los estudios sobre economía de la información señalan que la atención es un recurso escaso y que los contenidos extremos capturan más minutos de pantalla. Eso no significa que todo sea negocio, pero sí que el diseño de las redes incentiva el espectáculo. Un vídeo de una agresión, con una frase ingeniosa encima, funciona mejor que un análisis sereno.
La publicación no aporta pruebas sobre la autoría de la agresión ni sobre el contexto. Se limita a celebrarla. En España, el Código Penal castiga las amenazas y las agresiones a cargos públicos, pero también la incitación al odio. La línea entre la ironía y la apología de la violencia es difusa, y los tribunales la han interpretado de forma variable.
Conviene ser prudente: un tuit no es una sentencia. Lo que circula es una frase y un vídeo sin verificar. La celebración de una agresión, aunque sea en broma, normaliza un marco peligroso. Y en política, lo que se normaliza en redes termina filtrándose en el discurso público.
Hoy soy un poco terradiller después de la somanta de hostias que le ha metido a Abascal Pasen y vean pic.twitter.com/N6ak3Wgh5I
— BĒR Ver publicación en X
Este mensaje y otros no están disponibles para visitantes. Regístrate para leerlo.
Al menos no es un dirigente con responsabilidad en gloria como los del PSOE en Adamuz y Urda.
Lleva dos años dando su apoyo al responsable de la gestión de la DanaAl menos no es un dirigente con responsabilidad en gloria como los del PSOE en Adamuz y Urda.