Tres juezas, un solo “con la venia” y la eterna pregunta por su vida privada
Tres mujeres acceden a la judicatura y la conversación pública no tarda en derivar hacia lo que no debería importar: cuándo van a tener hijos. No es un bulo ni una exageración. Es justo lo que ha ocurrido tras la toma de posesión de tres juezas anónimas que han sacado plaza, y cuya mayor hazaña profesional ha quedado sepultada bajo una lluvia de comentarios sobre su fertilidad.
Hay quien les desea públicamente una numerosa prole, como si la toga llevara incorporado un reloj biológico. Hay quien ironiza con que deberían pedir “con la venia” para emprender la vía maternal. Y hay quien, directamente, les exige que cumplan con el guion social que empieza por el parto y que en el caso de los hombres jamás se plantea.
El trasfondo no es solo machismo de salón. La presión reproductiva sobre las mujeres en cargos de autoridad es un fenómeno medible: cada vez que una mujer accede a un puesto de poder, reaparece el interrogatorio sobre su maternidad. La judicatura no iba a ser una excepción. Que tres juezas hayan accedido a la vez ha multiplicado la dosis.
La anécdota de la semana, el “trio” que da título al revuelo, refleja una doble vara de medir que sigue vigente. Mientras las instituciones presumen de paridad, el debate ciudadano sigue anclado en los roles de género más rancios.
Con estas triquiñuelas, ¿alguien duda de que la conciliación siga siendo una asignatura pendiente?