Trump y el plan para una Europa blanca y patriota
La conversación arranca con una noticia que muchos dan por hecha: según el planteamiento inicial, Estados Unidos estaría dispuesto a financiar a partidos de derecha radical en Europa para colocar gobiernos afines. La tesis que se repite es que Washington no tolerará una UE independiente y soberana, y que el instrumento es doble: dinero para los partidos «patriotas» y presión comercial contra las tecnológicas europeas. El detonante citado es la multa de 140 millones de dólares que Bruselas habría impuesto a X, que desde el entorno de Trump se lee como un ataque a las plataformas estadounidenses.
Qué dice el plan que se atribuye a Trump
El mensaje que abre el asunto sostiene que se van a «soltar perras» a Vox y a formaciones similares para tener gente afín en los distintos gobiernos europeos. La advertencia que acompaña es demográfica: si no se revierte la inmigración masiva, Europa sería irreconocible en veinte años. De ahí salta la consecuencia geopolítica: sin mayoría blanca, Europa quedaría fuera de la OTAN y perdería el paraguas nuclear que hoy tiene desplegado en el continente.
Hay quien añade que el cabreo de Trump por las sanciones a las tecnológicas americanas forma parte del mismo paquete. La lectura es que el plan incluye cargarse los gobiernos europeos actuales y sustituirlos por otros de derechas. No es una tesis nueva, pero el envoltorio económico —multas, aranceles, represalias— le da un aire más tangible que el habitual.
El pasaporte portugués como prueba de cargo
El hilo encuentra su munición más concreta en Portugal. Se citan datos de 2023: de las 41.393 personas que recibieron pasaporte portugués, el 40% eran israelíes, en total 16.377 nuevos portugueses que alegan descendencia de judíos sefardíes expulsados en los siglos XV y XVI. La ley que lo permite se aprobó en 2015. La interpretación que se hace de esa cifra es que se trata de una colonización en toda regla, con la bandera de la estrella satánica como remate.
Conviene separar el dato del relato. La cifra está en el material; la intención que se le atribuye, no. El mismo fenómeno se lee desde otro ángulo: muchos solicitantes buscan movilidad europea, coste de vida más bajo y un pasaporte con acceso al espacio Schengen. Es la diferencia entre una política migratoria y una conspiración, y el hilo la cruza sin frenos.
Cuántos migrantes hay y cuántos se pueden deportar
La discusión deriva hacia el volumen real. Se manejan cifras dispares: más de 15 millones entre nacionalizados y no nacionalizados solo en España, y alrededor de 100 millones en toda Europa. Otras estimaciones bajan a 80 millones. La pregunta que sobrevuela es qué se hace con esa masa una vez dentro, y la respuesta más repetida es que ya es tarde.
Frente al fatalismo aparecen los planes de deportación masiva. Se describen con detalle: despliegue militar, ciudad por ciudad, barrio a barrio, edificio a edificio, camiones y trenes hacia puertos donde esperan buques requisados para la ocasión, con escolta naval y acuerdos económicos con los países de destino. El argumento es que cuesta lo mismo el viaje de ida que el de vuelta. El problema, admiten, es que eso ya no es política migratoria: es logística de guerra.
El choque entre el discurso y los números
La contradicción más citada es que Estados Unidos, el país que se presenta como salvador de la Europa blanca, tiene una población que ya no es mayoritariamente blanca y ha tenido un presidente negro. Se usa como argumento contra la propia tesis del plan. Otros responden que eso no impide aplicar la Doctrina Monroe extendida a Europa, a la que se necesita como perro de presa frente a Rusia.
También hay quien recuerda que la minoría que aporta más a las arcas públicas de lo que extrae debería quedarse, y evaluar el resto caso por caso. Es la versión tecnócrata del mismo debate: menos épica y más contabilidad.
Qué pasaría con los gobiernos europeos
El escenario que se dibuja es el de una Europa con gobiernos de derecha radical alineados con Washington, una OTAN sin el peso actual de la UE y un arsenal nuclear en manos de quien controle el territorio. La pregunta que nadie responde es qué pasa con los 40 millones de migrantes que ya están dentro mientras se discute el plan. Se dice pronto.
El cierre del asunto no llega. La conversación salta del pasaporte portugués a los centros nucleares iraníes, de la renuncia de un almirante estadounidense a la mili obligatoria en Europa. Nadie sabe cómo termina. Y ese es, quizá, el dato más honesto de todos.
Datos clave del asunto:
- 40% de los pasaportes portugueses de 2023 fueron para israelíes: 16.377 de 41.393
- La ley portuguesa que permite la nacionalidad a sefardíes se aprobó en 2015
- Más de 15 millones de migrantes entre nacionalizados y no nacionalizados solo en España
- Alrededor de 100 millones en toda Europa, según una de las estimaciones del material
- Multa de 140 millones de dólares a X citada como detonante del conflicto comercial