Trump llama a Putin: Scott Ritter cree posible la paz, pero Irán tiene la sartén por el mango
La llamada telefónica de Donald Trump a Vladímir Putin ha sido interpretada por el analista Scott Ritter como una señal de que la paz en Oriente Próximo podría estar más cerca. Sin embargo, el análisis de los datos sobre el terreno sugiere que quien necesita la paz es Estados Unidos, no Irán. Con 460 kilos de uranio enriquecido al 60% en su poder y la capacidad de estrangular la economía global a través del estrecho de Ormuz, Teherán dicta las condiciones: levantamiento total de las sanciones y garantías internacionales firmes. La guerra relámpago que prometía Trump se ha convertido en un atolladero del que solo puede salir tragando sapos.
La asimetría de la negociación
Irán no tiene prisa. Lleva décadas soportando sanciones y ha demostrado que puede resistir. Su programa nuclear ha alcanzado un punto crítico: las existencias de uranio al 60% están muy por encima de lo necesario para un uso civil. Cualquier negociación empezará con la exigencia de que Estados Unidos levante todas las sanciones, incluido el embargo de petróleo, y compense los daños causados. Además, pedirá un tratado vinculante que impida nuevos ataques. La respuesta de Washington pidiendo la entrega del uranio y el desmantelamiento del programa de misiles es vista como una broma de mal gusto en Teherán. El tiempo corre a favor de los persas, que saben que la economía mundial depende del paso de los petroleros por el golfo.
La jugada desesperada de Trump
El presidente estadounidense se ha metido en un callejón sin salida. Prometió una guerra corta y contundente, pero se ha topado con una resistencia inesperada y un coste político creciente. Llamar a Putin es un gesto que puede interpretarse como una petición de ayuda para salir del atolladero sin perder la cara. Algunos analistas sugieren que ya existe un pacto secreto: Putin permitiría una escalada en Ucrania a cambio de un levantamiento de sanciones a Rusia, mientras Irán bloquea Ormuz y luego cede a una tregua que justifique la retirada estadounidense. Pero estas teorías chocan con la realidad de que un impeachment o la pérdida de su base electoral son consecuencias probables si Trump admite la derrota.
Lo que nadie quiere decir: Irán ya ha ganado
La postura mayoritaria en el análisis geopolítico es que Irán ha alcanzado sus objetivos estratégicos: ha demostrado que puede disuadir a Estados Unidos, ha unido al mundo musulmán en su contra y ha llevado su programa nuclear a un punto de no retorno. Si no hace la paz ahora es porque sabe que, si la hace, dentro de un año podría sufrir otro ataque. Por eso exige garantías que Estados Unidos no puede dar sin parecer un Estado cliente. La única salida honrosa para Washington es aceptar una paz que parezca una victoria, pero que en realidad será una capitulación. Y mientras, Scott Ritter habla de oportunidades, pero los hechos muestran que quien tiene la oportunidad de salir del atolladero es Trump, no Irán.
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