24 aviones de combate salieron de España para atacar Irán: la pantomima del 'No a la guerra' de Sánchez
Mientras Pedro Sánchez arengaba a su electorado con el mantra del 'No a la guerra', 24 aviones de combate despegaban desde las bases de Rota y Morón rumbo a Irán. La noticia, publicada por El Mundo el 5 de marzo de 2026, revela que entre el 27 de febrero y el 5 de marzo se registraron 35 movimientos aéreos vinculados a la operación estadounidense contra Irán, todos ellos utilizando instalaciones militares españolas. La paradoja no es menor: el mismo gobierno que proclama su oposición al conflicto actúa como plataforma logística para el ataque.
El veto que nunca existió
La pretensión de que Sánchez pudiera vetar a Donald Trump es, como mínimo, ingenua. Las bases de Rota y Morón son activos estratégicos de la OTAN, y su uso por parte de EE.UU. está regulado por acuerdos bilaterales que difícilmente pueden ser suspendidos por un gobierno español, al menos en un plazo inmediato. Lo que sí existió fue una autorización tácita: la ministra de Defensa, Margarita Robles, dio luz verde al despliegue, según fuentes del Ministerio. Mientras tanto, el discurso oficial insistía en que España no apoyaba la guerra y que no se permitiría el uso de las bases para ataques ofensivos. Una contradicción que los hechos se han encargado de desmentir.
El coste político de la doble moral
El electorado del PSOE, al que se le vende una imagen de progresismo pacifista, se enfrenta a una realidad incómoda: España no solo no se ha mantenido al margen, sino que ha participado activamente en la logística bélica. El envío de una fragata a Chipre como refuerzo ante posibles ataques es otra pieza del mismo rompecabezas. La pregunta que flota en el aire es si los votantes socialistas serán capaces de digerir esta hipocresía o si, como siempre, el relato oficial conseguirá esconder los hechos bajo la alfombra. La economía de guerra, además, tiene costes: el incremento del gasto militar, el riesgo de represalias y el impacto en las relaciones con socios comerciales como Irán son factores que los analistas económicos empiezan a considerar.
La respuesta del Gobierno: silencio y evasivas
Hasta el momento, el Ejecutivo no ha ofrecido una explicación convincente. Se limita a repetir que España no está en guerra y que las bases cumplen con compromisos internacionales. Pero los datos son tozudos: 35 movimientos en una semana, 24 aviones de combate, y un país que dice no querer la guerra mientras sus pistas de aterrizaje arden de actividad militar. La ironía es tan gruesa que algunos analistas la califican de 'teatro político'. Mientras, el Gobierno sigue presumiendo de su compromiso con la paz, como si la realidad no existiera.
La pregunta que nadie responde es: ¿hasta cuándo podrá Sánchez mantener esta farsa sin que su electorado se dé cuenta de que el 'No a la guerra' es solo un eslogan de campaña?
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